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DEFINICIONES DE AMOR CLÁSICAS EN LENGUA CASTELLANA.

DEFINICIONES DE AMOR.

Según Ovidio en el libro De Arte amandi: “Amor es un no sé qué, viene por no sé dónde, envíale no sé quién, engéndrase no sé cómo, siéntese no sé cuándo, mata no sé por qué, y al fin, es todo viento, y la mujer nada”. Trascrito de Agustín de Rojas en El viaje entretenido.

 

Amor II.jpg

QUEVEDO.

 

Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,

que dura hasta el postrero parasismo,

enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es tu abismo:

mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo.

 

LOPE DE VEGA

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

CONDE DE VILLAMEDIANA

Determinarse y luego arrepentirse,
empezar a atrever y acobardarse,
arder el pecho y la palabra helarse,
desengañarse y luego persuadirse;

comenzar una cosa y advertirse,
querer decir su pena y no aclararse,
en medio del aliento desmayarse,
y entre el temor y el miedo consumirse;

en las resoluciones, detenerse,
hallada la ocasión, no aprovecharse,
y, perdida, de cólera encenderse,

y sin saber por qué desvanecerse:
efectos son de Amor, no hay que espantarse,
que todo del Amor puede creerse.

amor.jpg

JORGE MANRIQUE: Diciendo qué cosa es amor

I

Es amor fuerza tan fuerte

que fuerza toda razón;

una fuerza de tal suerte,

que todo seso convierte

en su fuerza y afición;

una porfía forzosa

que no se puede vencer,

cuya fuerza porfiosa

hacemos más poderosa

queriéndonos defender.

II

Es placer en que hay d

olores.

dolor en que hay alegría,

un pesar en que hay dulzores,

un esfuerzo en que hay temores,

temor en que hay osadía;

un placer en que hay enojos,

una gloria en que hay pasión,

una fe en que hay antojos,

fuerza

que hacen los ojos

al seso y al corazón.

III

Es una cautividad

sin parecer las prisiones,

un robo de libertad,

un forzar de voluntad

donde no valen razones;

una sospecha celosa

causada por el querer,

una rabia deseosa

que no sabe qué es la cosa

que desea tanto ver.

IV

Es un modo de locura

con las mudanzas que hace

una vez pone tristura,

otra vez causa holgura

como lo quiere y le place;

un deseo que al ausente

trabaja pena y fatiga;

un recelo que al presente

hace callar lo que siente,

temiendo pena que diga.

V

Todas estas propiedades

tiene el verdadero amor;

el falso, mil falsedades,

mil mentiras, mil maldades,

como fingido traidor;

el toque para tocar

cuál amor es bien forjado,

es sufrir el desarmar,

que no puede comportar

el falso sobredorado.

 

AGUSTÍN DE ROJAS

 

Amor de amor nacido y engendrado,

a la fe de tu amor estoy rendido;

Amor, si en fe de amor fe te he tenido,

¿cómo es posible, Amor, que me has dejado?

Amor, donde hay amor siempre hay cuidado;

Amor, do no hay amor, siempre hay olvido;

a tu blanda coyunda, Amor, asido,

mi indomable cerviz has sujetado.

Amor, sin ti no hay gusto, no hay contento;

Amor, contigo hay rabia, hay pena, hay llanto;

Amor, por ti hay desgracias, hay castigo.

Si busco amor, Amor me da tormento;

si dejo amor, Amor me causa espanto;

¿pues a quién seguiré si Amor no sigo?

 

 

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LOA DE LA LETRA A. AGUSTÍN DE ROJAS.

Fragmento contenido en El viaje entretenido:

A.jpgYo, entendiendo parecerme

a uno de estos que se emplean

en cosas tan levantadas,

quise alabar esta letra,

que es A, por ser de mi nombre,

mejor por ser la primera

que todas las que le siguen,

pues todas vienen tras ésta.

Digo, pues, que Dios se llama

en griego y en lengua hebrea,

Alfa et o y Adonaí,

y Agnus Dei en cielo y tierra.

Los ángeles que crió

son las criaturas primeras;

donde Dios baja es altar

y ara donde se recrea.

El primero signo es Aries,

y Acuario el postrero llega;

también Apolo es el cuarto

de todos siete planetas,

y los ejes de aquel cielo,

que esta máquina sustentan,

llaman Ártico y Antártico,

y astros llaman las estrellas.

De todos cuatro elementos

los tres se nombran con ésta:

aire y agua, y en el texto

se nombra árida a la tierra.

Crió Dios al primer hombre,

que fue Adán, y aqueste peca;

diole ánima, albedrío;

hizo en un árbol la ofensa,

restauróle amor divino,

fue Anunciación medianera,

trájola el ángel, diciendo:

Ave María, gratia plena.

Ancilla Domini, dio

la Virgen por su respuesta;

su madre se llamó Ana,

Aula Virginalis ella.

El primer mártir fue Abel;

patriarca Abrahán era;

primer pontífice Aaron;

Amós y Albacuc profetas.

En un arca salvó Dios

sus escogidos en tierra,

a sus apóstoles hizo

vice dioses en su ausencia.

La primer ciudad cristiana

fue Antioquía la primera;

Ambrosio y Agustino

son doctores de la Iglesia.

Tres partes del mundo son

Asia, Africa y América;

y si extendemos la vista

por árboles, plantas, hierbas,

veremos almoradux,

alhelíes, azucenas,

achicoria, acelgas, ajos,

ajonjolí, alcaravea,

anís, arrayán, ajenjos,

azahar, alpiste, avena,

amapolas, albahaca,

alfalfas, apio, alhucema,

ambrosía, acanto y amomo,

ajonje, amaro y adelfas;

los árboles, avellanas,

albaricoques, almendras,

aceitunas, alcaparras,

azufaifa, amacenas,

alcarchofas, algarrobas,

sin otras muchas sin éstas.

Es el águila caudal

de todas las aves reina;

la más libre es el azor,

el alcón la más ligera;

de animales, el armiño

más bello y casto en limpieza;

el más fuerte es el abada,

el áspid más en fiereza,

el más pequeño, arador;

el más dulce es el abeja,

el más ponzoñoso, araña

y más el asno en nobleza.

Los primeros navegantes;

Argonautas, y Argo era

la primera nave que hubo,

y lo que la nao gobierna

son aguja, y astrolabio;

tienen árboles por fuerza,

y con áncoras y amarras

aquestas naves se aferran.

Éstas han menester armas,

arcos, astas, y en troneras,

arcabuces, alabardas,

y si faltaran rodelas,

alfanjes, adarga, arnés,

ardid, ánimo y alteza.

Son Atenas y Alcalá

depósito de las ciencias.

Fue Alejandro rey del mundo,

Augusto, señor de Grecia,

Antioco, rey de Egipto,

Ariadna, reina en Creta,

Asaraco, rey de Troya,

Ascanio, el hijo de Eneas,

el mejor pintor, Apeles;

Arquímedes, Avicena,

Anaxágoras y Aristes,

inventores de las ciencias,

de éstos príncipe Aristóteles,

y Ariosto de poetas.

Alpes y Apeninos, montes

son los que ellos más celebran,

y porque se vea más claro

el valor de aquesta letra,

sólo al mudo se le entiende

a, a, a de todas ellas,

y entre todas las demás,

no pronuncian más de aquesta.

Principales instrumentos

que nuestra vida sustentan,

han sido aguijón y azada,

aguijada, arado y reja.

Son los mejores pescados

que el mar en su seno encierra,

albur, acedia y atún,

aguja, arañas y almejas.

De las Indias orientales

vienen alfombras de seda,

ámbar, algalia y almizcle,

anime, algodón, alheña,

alabastros, amatistas,

sin otras preciosas piedras,

aljofares, abanillos,

para estas señoras reinas.

Ellas dicen: alma, amigo,

amor, déme una agujeta,

arivique, argentería,

alfileres y arandelas,

albayalde y alcanfor,

arrebol y arrebolera,

azafrán para la toca,

arina para la artesa,

almidón para las mangas,

azúcar para la lengua,

alcohol para los ojos,

alumbre para las muelas,

anillos para los dedos,

arillos a las orejas.

Lo que ha menester mi autor,

auditorio en la comedia,

ayuntamiento, aparatos,

atención, aplauso, alteza,

auxilio y autoridad,

argentum et aurum etiam.

 

RAM.- No he visto yo ninguna de alabanza de letra en romance como ésta, sino en prosa o verso castellano.

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TIPOS DE COMPAÑÍAS DE TEATRO SEGÚN AGUSTÍN DE ROJAS (S. XVII)

 

El viaje entretenidoRAM.- ¿Qué es gangarilla?

SOL.- Bien parece que no habéis vos gozado de la farándula, pues preguntáis por una cosa tan conocida.

RÍOS.- Yo tengo más de treinta años de comedia y llega ahora a mi noticia.

SOL.- Pues sabed que hay ocho maneras de compañías y representantes, y todas diferentes.

RAM.- Para mí es tanta novedad ésa como esotra.

ROJAS.- Por vida de Solano, que nos la digáis.

SOL.- Habéis de saber que hay bululú, ñaque, gangarilla, cambaleo, garnacha, bojiganga, farándula y compañía. El bululú es un representante solo, que camina a pie y pasa su camino, y entra en el pueblo, habla al cura y dícele que sabe una comedia y alguna loa: que junte al barbero y sacristán y se la dirá porque le den alguna cosa para pasar adelante. Júntanse éstos y él súbese sobre un arca y va diciendo: «agora sale la dama» y dice esto y esto; y va representando, y el cura pidiendo limosna en un sombrero, y junta cuatro o cinco cuartos, algún pedazo de pan y escudilla de caldo que le da el cura, y con esto sigue su estrella y prosigue su camino hasta que halla remedio.

Ñaque es dos hombres (que es lo que Ríos decía agora ha poco de entrambos); éstos hacen un entremés, algún poco de un auto, dicen unas octavas, dos o tres loas, llevan una barba de zamarro, tocan el tamborino Y cobran a ochavo y en esotros reinos a dinerillo (que es lo que hacíamos yo y Ríos); viven contentos, duermen vestidos, caminan desnudos, comen hambrientos y espúlganse el verano entre los trigos y en el invierno no sienten con el frío los piojos.

Gangarilla es compañía más gruesa; ya van aquí tres o cuatro hombres, uno que sabe tocar una locura; llevan un muchacho que hace la dama, hacen el auto de La oveja perdida, tienen barba y cabellera, buscan saya y toca prestada (y algunas veces se olvidan de volverla), hacen dos entremeses de bobo, cobran a cuarto, pedazo de pan, huevo y sardina y todo género de zarandaja (que se echa en una talega); éstos comen asado, duermen en el suelo, beben su trago de vino, caminan a menudo, representan en cualquier cortijo y traen siempre los brazos cruzados.

RÍOS.- ¿Por qué razón?

SOL.- Porque jamás cae capa sobre sus hombros.

Cambaleo es una mujer que canta y cinco hombres que lloran; éstos traen una comedia, dos autos, tres o cuatro entremeses, un lío de ropa que le puede llevar una araña; llevan a ratos a la mujer a cuestas y otras en silla de manos; representan en los cortijos por hogaza de pan, racimo de uvas y olla de berzas; cobran en los pueblos a seis maravedís, pedazo de longaniza, cerro de lino y todo lo demás que viene aventurero (sin que se deseche ripio); están en los lugares cuatro o seis días, alquilan para la mujer una cama y el que tiene amistad con la huéspeda dale un costal de paja, una manta y duerme en la cocina, y en el invierno el pajar es su habitación eterna. Éstos, a mediodía, comen su olla de vaca y cada uno seis escudillas de caldo; siéntanse todos a una mesa y otras veces sobre la cama. Reparte la mujer la comida, dales el pan por tasa, el vino aguado y por medida, y cada uno se limpia donde halla: porque entre todos tienen una servilleta o los manteles están tan desviados que no alcanzan a la mesa con diez dedos.

Compañía de garnacha son cinco o seis hombres, una mujer que hace la dama primera y un muchacho la segunda; llevan un arca con dos sayos, una ropa, tres pellicos, barbas y cabelleras y algún vestido de la mujer, de tiritaña. Éstos llevan cuatro comedias, tres autos y otros tantos entremeses; el arca en un pollino, la mujer a las ancas gruñendo, y todos los compañeros detrás arreando. Están ocho días en un pueblo, duermen en una cama cuatro, comen olla de vaca y carnero, y algunas noches su menudo muy bien aderezado. Tienen el vino por adarmes, la carne por onzas, el pan por libras y la hambre por arrobas. Hacen particulares a gallina asada, liebre cocida, cuatro reales en la bolsa, dos azumbres de vino en casa y a doce reales una fiesta con otra.

En la bojiganga, van dos mujeres y un muchacho, seis o siete compañeros, y aun suelen ganar muy buenos disgustos, porque nunca falta un hombre necio, un bravo, un mal sufrido, un porfiado, un tierno, un celoso ni un enamorado: y habiendo cualquiera de éstos, no pueden andar seguros, vivir contentos, ni aun tener muchos ducados. Éstos traen seis comedias, tres o cuatro autos, cinco entremeses, dos arcas, una con hato de la comedia y otra de las mujeres. Alquilan cuatro jumentos, uno para las arcas y dos para las hembras, y otro para remudar los compañeros a cuarto de legua (conforme hiciere cada uno la figura y fuere de provecho en la chacota). Suelen traer, entre siete, dos capas, y con éstas van entrando de dos en dos, como frailes. Y sucede muchas veces, llevándosela el mozo, dejarlos a todos en cuerpo. Éstos comen bien, duermen todos en cuatro camas, representan de noche, y las fiestas de día, cenan las más veces ensalada, porque como acaban tarde la comedia, hallan siempre la cena fría. Son grandes hombres de dormir de camino debajo de las chimeneas, por si acaso están entapizadas de morcillas, solomos y longanizas, gozar de ellas con los ojos, tocarlas con las manos y convidar a los amigos, ciñéndose las longanizas al cuerpo, las morcillas al muslo y los solomos, pies de puerco, gallinas y otras menudencias en unos hoyos en los corrales o caballerizas; y si es en ventas en el campo (que es lo más seguro), poniendo su seña para conocer dónde queda enterrado el tal difunto. Este género de bojiganga es peligrosa, porque hay entre ellos más mudanzas que en la luna y más peligros que en frontera (y esto es si no tienen cabeza que los rija).

Farándula es víspera de compañía; traen tres mujeres, ocho y diez comedias, dos arcas de hato; caminan en mulos de arrieros y otras veces en carros, entran en buenos pueblos, comen apartados, tienen buenos vestidos, hacen fiestas de Corpus a doscientos ducados, viven contentos (digo los que no son enamorados). Traen unos plumas en los sombreros, otros veletas en los cascos, y otros en los pies, el mesón de Cristo con todos. Hay Laumedones de «ojos, decídselo vos», que se enamoran por debajo de las faldas de los sombreros, haciendo señas con las manos y visajes con los rostros, torciéndose los mostachos, dando la mano en el aprieto, la capa en el camino, el regalo en el pueblo, y sin hablar palabra en todo el año.

En las compañías hay todo género de gusarapas y baratijas: entrevan cualquiera costura, saben de mucha cortesía; hay gente muy discreta, hombres muy estimados, personas bien nacidas y aun mujeres muy honradas (que donde hay mucho, es fuerza que haya de todo), traen cincuenta comedias, trescientas arrobas de hato, diez y seis personas que representan, treinta que comen, uno que cobra y Dios sabe el que hurta. Unos piden mulas, otros coches, otros literas, otros palafrenes, y ningunos hay que se contenten con carros, porque dicen que tienen malos estómagos. Sobre esto suele haber muchos disgustos. Son sus trabajos excesivos, por ser los estudios tantos, los ensayos tan continuos y los gustos tan diversos, aunque de esto Ríos y Ramírez saben harto, y así es mejor dejarlo en silencio, que a fe que pudiera decir mucho.

RÍOS.- Digo que me habéis espantado.

RAM.- Agora os confirmo por el mayor cómico que tiene el suelo.

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PARODIA DE D. ENRIQUE DE VILLENA POR QUEVEDO.

Incluido en su obra Sueños. Concretamente El sueño de la muerte. Sueños

Descubriose una grandísima redoma de vidrio; dijéronme que llegase, y vi un jigote

(Guiso) que se bullía en un ardor terrible y andaba danzando por todo el garrofón, y poco a poco se fueron juntando unos pedazos de carne y unas tajadas, y desta se fue componiendo un brazo y un muslo y una pierna, y al fin se coció y enderezó un hombre entero. De todo lo que había visto y pasado me olvidé, y esta visión me dejó tan fuera de mí que no diferenciaba de los muertos.   — ¡Jesús mil veces!—dije—. ¿Qué hombre es este, nacido en guisado, hijo de una redoma?  En esto oí una voz que salía de la vasija, y dijo:

— ¿Qué año es este?  —De seiscientos y veinte y dos—respondí.  —Este año esperaba yo.  — ¿Quién eres —dije—, que parido de una redoma, hablas y vives?  — ¿No me conoces?—dijo— ¿La redoma y las tajadas no te advierten que soy aquel famoso nigromántico de Europa *? ¿No has oído decir que me hice tajadas dentro de una redoma para ser inmortal?

 

*D. Enrique de Villena.

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POEMAS CLÁSICOS EN CASTELLANO DEDICADO A ANIMALES

 

FRANCISCO DE QUEVEDO: Soneto al mosquito de la trompetilla

Ministril de las ronchas y picadas, mosquito
Mosquito postillón, Mosca barbero,
Hecho me tienes el testuz harnero
Y deshecha la cara a manotadas.

Trompetilla que toca a bofetadas,
Que vienes con rejón contra mi cuero,
Cupido pulga, Chinche trompetero
Que vuelas comezones amoladas,

¿Por qué me avisas si picarme quieres?
Que pues que das dolor a los que cantas,
De Casta y condición de potras eres.

Tú vuelas y tú picas y tú espantas
Y aprendes del cuidado y las mujeres
A malquistar el sueño con las mantas.

 

FÉLIX MARÍA SAMANIEGO. Las moscas.

A un panal de rica miel Moscas presas
Dos mil Moscas acudieron,
Que por golosas murieron,
Presas de patas en él.
Otra dentro de un pastel
Enterró su golosina.
Así si bien se examina
Los humanos corazones
Perecen en las prisiones
Del vicio que los domina.

ANTONIO MACHADO. Las moscas

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.Las moscas.jpg

¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,

—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,

de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,

de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado

sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

AGUSTÍN DE ROJAS. Loa a las moscas.

…Fiado en esto, pretendo

loar en aquesta loa

una cosa bien humilde,

aunque a muchos enfadosa.

Ésta, con vuestra licencia,

señores, será la mosca,

cuyo sujeto es tan alto

cuanto mi alabanza corta.

Empiezo por su valor,

por su antigüedad notoria,

sus franquezas, libertades

y prosapia generosa.

Celébrese su nobleza

desde París hasta Roma

y desde el Tajo hasta el Bactro

su grandeza se conozca.

Desde el rústico gañán

que se calza abarcas toscas,

al príncipe más supremo

que ciñe regia corona,

¿qué casas o qué palacios

de reinas y de señoras,

qué antecámaras ocultas,

qué damas las más hermosas,

qué templos o que mezquitas,

qué anchas naves, qué galeotas,

qué senado o real audiencia,

qué saraos, fiestas o bodas,

qué taberna, que hospital,

hay de España hasta Etiopia

que la mosca no visite

y entre libremente en todas?

¿Quién le ha negado jamás

el paso franco a la mosca?

¿En qué lugar no se sienta?

¿De qué hermosura no goza?

¿De qué dama más bizarra,

con más arandela y pompa,

los hermosísimos labios

no besa alegre y gozosa?

Y no contenta con esto,

suele bajar de la boca

hasta los hermosos pechos,

y aun lo mal oculto toca.

¿A cuántos su libertad

no enciende en rabia celosa,

viéndola libre y exenta

gozar lo que ellos adoran?

¿En qué Consejo no se halla?

¿Qué consulta hay que se esconda

de su vista peregrina,

o qué secretos pregona?

Ella oye, ve y calla,

no se precia de habladora,

no dice lo que no sabe,

es discreta, no es chismosa.

En el teatro se asienta

a ver la farsa dos horas,

sin pagar blanca a la entrada

ni hacer caso del que cobra.

Si quiere ver todo el mundo,

no ha menester llevar bolsa,

que ella come donde quiere

y todos le hacen la costa.

Los príncipes la acompañan,

duques y marqueses la honran

llevándola a donde van

junto a sus mismas personas.

Tiene carta de hidalguía

y tan noble ejecutoria,

que nunca paga portazgo

en barco, puente, ni flota.

En su vida tuvo pleito,

y si vende alguna cosa,

jamás no paga alcabala,

ni por pérdida se ahorca.

Goza de todas las frutas,

comiendo las más gustosas;

es amiga del buen pan,

del buen vino y buenas ollas,

del turrón y mermeladas,

de arrope, miel y meloja,

de tortadas, manjar blanco,

y de nada nada escota.

En Salamanca, en París,

en Alcalá y en Bolonia,

tiene cursos, y en escuelas

se sienta a do se le antoja.

Cuantos juegos tiene el mundo,

tantos sabe; así a la argolla,

como a naipes y ajedrez,

dados, trucos y pelota.

Es hidalga, es bien nacida

y natural de Moscovia,

ciudad en Mosquea antigua

y muy noble antes de agora.

Para ella no hay engaños,

bebedizos no la ahogan,

los tormentos no la matan,

la justicia no la enoja.

Ella entra en las batallas,

atrevida y animosa,

sin arcabuz, sin mosquete,

peto fuerte, lanza o cota…

RAFAEL ALBERTI. A “Niebla”, mi perro

«Niebla», tú no comprendes: lo cantan tus orejas, Niebla
el tabaco inocente, tonto, de tu mirada,
los largos resplandores que por el monte dejas,
al saltar, rayo tierno de brizna despeinada.
Mira esos perros turbios, huérfanos, reservados,
que de improviso surgen de las rotas neblinas,
arrastrar en sus tímidos pasos desorientados
todo el terror reciente de su casa en ruinas.
A pesar de esos coches fugaces, sin cortejo,
que transportan la muerte en un cajón desnudo;
de ese niño que observa lo mismo que un festejo
la batalla en el aire, que asesinarle pudo;
a pesar del mejor compañero perdido,
de mi más que tristísima familia que no entiende
lo que yo más quisiera que hubiera comprendido,
y a pesar del amigo que deserta y nos vende;
«Niebla», mi camarada,
aunque tú no lo sabes, nos queda todavía,
en medio de esta heroica pena bombardeada,
la fe, que es alegría, alegría, alegría.

VICENTE ALEIXANDRE. A su perro, Sirio.

Oh, sí, lo sé, buen “Sirio”, cuando me miras con tus grandes ojos profundos.
Yo bajo a donde tú estás, o asciendo a donde tú estás
y en tu reino me mezclo contigo, buen “Sirio”, buen perro mío, y me salvo contigo.
Aquí en tu reino de serenidad y silencio, donde la voz humana nunca se oye,
converso en el oscurecer y entro profundamente en tu mediodía.
Tú me has conducido a tu habitación, donde existe el tiempo que nunca se pone.
Un presente continuo preside nuestro diálogo, en el que el hablar es el tuyo tan sólo.
Yo callo y mudo te contemplo, y me yergo y te miro. Oh, cuán profundos ojos conocedores.
Pero no puedo decirte nada, aunque tú me comprendes… Oh, yo te escucho.
Allí oigo tu ronco decir y saber desde el mismo centro infinito de tu presente.
Tus largas orejas suavísimas, tu cuerpo de soberanía y de fuerza,
tu ruda pezuña peluda que toca la materia del mundo,ALEIXANDRE y su perro.jpg

el arco de tu aparición y esos hondos ojos apaciguados
donde la Creación jamás irrumpió como una sorpresa.
Allí, en tu cueva, en tu averno donde todo es cenit, te entendí, aunque no pude hablarte.
Todo era fiesta en mi corazón, que saltaba en tu derredor, mientras tú eras tu mirar entendiéndome.
Desde mi sucederse y mi consumirse te veo, un instante parado a tu vera,
pretendiendo quedarme y reconocerme.
Pero yo pasé, transcurrí y tú, oh gran perro mío, persistes.
Residido en tu luz, inmóvil en tu seguridad, no pudiste más que entenderme.
Y yo salí de tu cueva y descendí a mi alvéolo viajador, y, al volver la cabeza, en la linde
vi, no sé, algo como unos ojos misericordes.

PABLO NERUDA. Un perro ha muerto.

Mi perro ha muerto.Neruda y su perro.jpg

Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz iría.
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.

Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.

Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independienre
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.

Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.

Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.

No hay adiós a mi perro que se ha muerco.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.

Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ. Descripción de Platero.

(No se trata de un poema, pero esta narración dispone del lirismo necesario para participar en esta entrada)

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón; PLatero y Juan R. J..jpgque no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel…
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
– Tien´asero…
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

PABLO NERUDA. Oda al gato.

Los animales fueron
imperfectos, Gato. Neruda.jpg
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

AGUSTÍN DE ROJAS. Loa al cerdo.

Cerdo.jpgLo que tiene es que en la vida

es animal sin provecho

y holgazán, que la comida

la gasta holgando y gruñendo.

Porque diréis que la oveja

da la leche, lana y queso,

que labra la tierra el buey,

canta el gallo, caza el perro,

trabaja el asno y encierra

el trigo el agosto hecho;

el caballo va a la guerra,

del ratón escombra el techo

el gato maullador,

y otros muchos sin aquestos:

y solamente el cochino

mientras vive nunca es bueno.

Pero cuando de su vida

llega el venturoso término,

y su alegre San Martín

le viene, que viene presto,

¿qué decís de este animal,

cuando de muy sucio puerco

le convertís en tocino?

Entonces, ¿es malo ó bueno?

Con lo que está en sus entrañas

sepultado y encubierto,

se entretienen todo un año

padres, madres, hijos, nietos.

¡Oh, bellísimo animal,

que, como probado tengo,

eres el más provechoso

de cuantos hoy conocemos!

Concluyo, por no cansar,

y digo que eres tan bueno,

que quien fuere tu enemigo

será enemigo del cielo.

Mi gran rudeza perdona,

cochino hermano, pues siendo

sin número tus grandezas,

tan pocas son las que cuento.

Y si en alabar soy largo

a un animal que es tan bello,

quien fuere puerco perdone,

y no se corra de serlo.

A mi compañero digo

que tenga de hoy más consuelo,

y si todo lo que he dicho

no ha sido de algún provecho,

hágase animal de carga

si no está contento de esto,

o de caza, y podrá ser

que le despedacen perros.

Mas yo por mejor tendría

ser cochino que no ciervo,

y si no lo quiere ser,

sufra carga y sea jumento,

que quien se afrenta de ser

de boca de mujer puerco,

de la de un amigo suyo

ser asno no es mucho yerro.

Y si también se afrentare,

mañana le alabaremos,

que alabanza hay para todos,

aunque no para hombres necios.

 

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DESCRIPTIO PUELLAE

Se trata de un tópico literario que se basa en la descripción de la dama, en la enumeración de sus características. Proponemos unos ejemplos clásicos de la literatura española.

DEL LIBRO DE BUEN AMOR. (1330, aproximadamente)

En este primer caso, D. Amor le aconseja al protagonista el tipo ideal de mujer.

Amor medieval

Busca muger de talla, de cabeça pequeña;
Cabellos amarillos, non sean de alheña;
Las çejas apartadas, luengas, altas, en peña;
Angosta de cabellos: ésta es talla de dueña.
Ojos grandes, someros, pintados, reluzientes,
E de luengas pestañas, bien claras, paresçientes;
Las orejas pequeñas, delgadas; para ál mientes
Si ha el cuello alto: atal quieren las gentes.
La nariz afilada, los dientes menudillos,
Eguales, e bien blancos, un poco apartadillos;
Las enzivas bermejas; los dientes agudillos;
Los labios de la boca bermejos, angostillos.
La su boca pequeña, así de buena guisa;
La su faz blanca, sin pelos, clara e lisa.
Puña de aver muger que la vea sin camisa,
Que la talla del cuerpo te dirá: «esto aguisa»
Si dexier que la dueña non tiene ombros muy grandes,
Nin los braços delgados, tú luego le demandes
Si ha los pechos chicos; si dize «sí», demandes
Contra la fegura toda, porque más çierto andes.
Si diz que los sobacos tiene un poco mojados
E que ha dichas piernas e luengo los costados,
Ancheta de caderas, pies chicos, socavados,
Tal muger non la fallan en todos los mercados.

LA CELESTINA (1499)

Nacimiento de Venus.jpg

CALISTO.-  Comienzo por los cabellos. ¿Ves tú las madejas del oro delgado que hilan en Arabia? Más lindos son y no resplandecen menos. Su longura hasta el postrero asiento de sus pies, después crinados  y atados con la delgada cuerda, como ella se los pone, no ha más menester para convertir los hombres en piedras.
SEMPRONIO.- (Aparte.) Más en asnos.
CALISTO.-  ¿Qué dices?
SEMPRONIO.-  Dije que esos tales no serían cerdas de asno.
CALISTO.-  ¡Ved qué torpe y qué comparación!
SEMPRONIO.-  (Aparte.) ¿Tú cuerdo?
CALISTO.-  Los ojos verdes rasgados, las pestañas luengas, las cejas delgadas y alzadas, la nariz mediana, la boca pequeña, los dientes menudos y blancos, los labios colorados y grosezuelos, el torno del rostro poco más luengo que redondo, el pecho alto, la redondez y forma de las pequeñas tetas, ¿quién te la podría figurar? ¡Que se despereza el hombre cuando las mira! La tez lisa, lustrosa, el cuero suyo oscurece la nieve, la color mezclada, cual ella la escogió para sí.
SEMPRONIO.-  (Aparte.) ¡En sus trece está este necio!
CALISTO.-  Las manos pequeñas en mediana manera, de dulce carne acompañadas; los dedos luengos; las uñas en ellos largas y coloradas, que parecen rubíes entre perlas. Aquella proporción, que ver yo no pude, no sin duda, por el bulto de fuera juzgo incomparablemente ser mejor que la que Paris juzgó entre las tres diosas.

GARCILASO DE LA VEGA (Primera mitad del S. XVI)

Retrato de una mujer joven. Botticelli.jpg

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

FERNANDO DE HERRERA ( Segunda mitad del S. XVI)

Ardientes hebras, do s’ ilustra el oro,
de celestial ambrosía rociädo,
tanto mi gloria sois y mi cuidado,
cuanto sois del Amor mayor tesoro.

Luzes, qu’ al estrellado y alto coro
prestáis el bello resplandor sagrado,
cuanto es Amor por vos más estimado,
tanto umilmente os onro más y adoro.

Purpúreas rosas, perlas d’ Oriente,
marfil terso, y angélica armonía,
cuanto os contemplo, tanto en vos m’ inflamo;

y cuanta pena l’ alma por vos siente,
tanto es mayor valor y gloria mía;
y tanto os temo, cuanto más os amo.

LUIS DE GÓNGORA (S. XVII)

Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido el Sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o viola truncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

Rubens. Venus ante el espejo.jpg

LOPE DE VEGA (S. XVII)

No queda más lustroso y cristalino
por altas sierras el arroyo helado,
ni está más negro el ébano labrado,
ni más azul la flor del verde lino.

Más rubio el oro que de Oriente vino,
ni más puro lascivo y regalado
espira olor el ámbar estimado,
ni está en la concha el carmesí más fino.

Que frente, cejas, ojos y cabellos,
aliento y boca de mi Ninfa bella,
angélica figura en vista humana.

Que puesto que ella se parece a ellos,
vivos están allí, muertos sin ella,
cristal, ébano, lino, oro, ámbar, grana.

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METAPOESÍA. SONETOS

De Baltasar de Alcázar.

Yo acuerdo revelaros un secreto
en un soneto, Inés, bella enemiga;
mas, por buen orden que yo en esto siga,
no podrá ser en el primer cuarteto.

Venidos al segundo, yo os prometo
que no se ha de pasar sin que os lo diga;
mas estoy hecho, Inés, una hormiga:
que van fuera ocho versos del soneto.

Pues ved, Inés, qué ordena el duro hado:
que teniendo el soneto ya en la boca
y el modo de decillo preparado,

conté los versos todos y he hallado
que, por la cuenta que a un soneto toca,
ya este soneto, Inés, es acabado.

Baltasar de Alcázar: Contra el mal soneto.

<<¡Al soneto!, vecinos, ¡al malvado!,
¡Al sacrílego!, ¡al loco!, ¡al sedicioso!,
¡Revolvedor de caldos, mentiroso!,
¡Afrentoso al Señor que lo ha criado!
Atadle bien los pies, porque el taimado
No juegue dellos; pues será forzoso,
Que el sosiego del mundo y el reposo
Vuelva en un triste y miserable estado.
Quemadlo vivo; muera esta cizaña,
Y sus cenizas Euro las derrame
Donde perezcan al rigor del cielo!>>
Esto dijo el honor de nuestra España
Viendo un soneto de discurso infame,
Pero valióle poco su buen celo.

Calvo, A.

Soneto al sonetoUn soneto me manda hacer Elvira

sin saber si soy buen o mal poeta,

porque es niña, inter nos, algo coqueta,

y por tal pequeñeces nunca mira.

 

Ella sabe que yo, su amigo, lira

taño o rasco, y al punto así le peta,

y en lugar de pedirme una cuarteta

un soneto me pide. ¡Qué me admira!

 

Un soneto, Dios mío, lance duro.

¿Qué diré que me saque del apuro?

¿Qué diré que me libre del aprieto?

 

Le diré que es hermosa y hechicera,

y divina y graciosa, y… lo que quiera

que ya no cabe más en un soneto.

Diego Hurtado de Mendoza

Pedís, Reina, un soneto; ya le hago;
Ya el primer verso y el segundo es hecho;
Si el tercero me sale de provecho,
Con otro verso el un cuarteto os pago.

Ya llego al quinto; ¡España! ¡Santiago!
Fuera, que entro en el sexto. ¡Sus, buen pecho!
Si del sétimo salgo, gran derecho
Tengo a salir con vida deste trago.

Ya tenemos a un cabo los cuartetos;
¿Que me decís, Señora? ¿No ando bravo?
Mas sabe Dios si temo los tercetos.

Y si con bien este soneto acabo,
Nunca en toda mi vida más sonetos;
Ya deste, gloria a Dios, he visto el cabo.

Lope de Vega

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

Hermenegildo Martín Borro

Tú no mandas en mí, soneto amigo;

soy yo quien te domina y quien te ordena

y de mis ansias sin cesar te llena,

siendo de mi sentir eco y testigo.

 

Tú atesoras entero, el limpio trigo

que puede dar la vida, cuando es buena.

Y las amargas hieles de la pena

te pueden afligir y estar contigo.

 

La infinitud en tu medida cabe.

Y a mí, que usé tu crátera encendida,

hoy me parecería omisión grave

 

si yo no le expresara a tu universo

que lo mejor de Dios…se llama Vida

y que hasta el mismo Dios cabe en tu verso.

José García Nieto

He vuelto a estas paredes donde encierro
la acostumbrada voz de la amargura
y, junto a aquel verdor, la ya madura
fruta del corazón que, a cada yerro,

se duele de la rama en su destierro
y gana cargazón perdiendo altura;
pero, por ser buscada la clausura,
tibio es el muro y fácil es el hierro.

Hablo de ti, dogal, soneto mío,
que, sin talar, aprietas cada ramo,
que, sin cegar, corriges cada río.

Hablo de lo que ciñe y lo que doma:
de una sombra apretada en la que amo
y un ojo arriba donde Dios se asoma.

Esteban Calle Iturrino

El soneto es un lírico rosario

Que, con catorce cuentas musicales,

Puede plasmar supernos ideales

De un mundo sublunar, imaginario.

 

El soneto es egregio relicario

Que custodia recuerdos terrenales,

Como conserva formas divinales

Perennemente puras, un sagrario.

 

Revelan los cuartetos armoniosos

Lo que, con sus afanes generosos,

Quiere lograr el bardo que lo crea,

 

Y en la urdimbre del último terceto,

Dándole excelso fin, brilla la idea

Genial, inspiradora del soneto.

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