QUEVEDO Y LA ORINA


QuevedoAlrededor de Quevedo gira un gran número de leyendas e historias de dudosa fiabilidad.

En este caso, se nos cuenta que hay una calle de Madrid, llamada calle del Codo, que se hizo famosa por la asiduidad de paseantes que se acercaban a este encalve para bajar sus vejigas, pues era un sitio oscuro y discreto. La autoridad intentó con diversos medios evitar semejante costumbre. Entre estos remedios, a alguien se le ocurrió colocar allí cruces. A nadie se le ocurriría mear con este atrezo religioso, y teniendo en cuenta que era una época de gran intransigencia. Además, se le colocó una inscripción para remarcar la intención: “donde hay una cruz no se orina”.

Quevedo pasó por allí y, al ver tal situación y teniendo una urgencia impostergable, le respondió a este enunciado con la siguiente ocurrencia: “y donde se orina no se ponen cruces”.

 

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