SUEÑOS. FRANCISCO DE QUEVEDO.


 

Está constituido por cinco partes que siguen este orden:

 

  1. SUEÑO DEL JUICIO FINAL
  2. EL ALGUACIL ENDEMONIADO
  3. SUEÑO DEL INFIERNO
  4. EL MUNDO POR DE DENTRO.
  5. SUEÑO DE LA MUERTE.

 

En todos aparece una acumulación de escenas sueltas y cortas que se suceden sin estructura fija y dan cabida a gran cantidad de episodios producidos por la fantasía y juegos verbales del autor.

 

Los sueños impares (1, 3 y 5) se refieren a las postrimerías de la teoría católica, es decir, el juicio, la muerte, el infierno y la gloria.

Los sueños pares (2 y 4), además de ser más cortos, son variaciones del Sueño del infierno y el Sueño de la muerte.

 

El título alude a su principal influencia, que es la literatura alegórica, concretamente: La divina comedia de Dante.

Sueños

TEMAS:

 

Crítica de los vicios de diferentes costumbres y oficios en España, visto desde una perspectiva moralizante, alegórica e irónica.

 

Por una parte se aborda la corrupción de oficios y costumbres bajo un prisma

 

  1. religioso: la soberbia, la lujuria, la avaricia o la envidia.
  2. Moral: la necedad, la adulación, la habladuría, los enamorados o los maldicientes.

 

Por otra parte trata un tema más político-económico centrado en el dinero como símbolo del mal. Se queja Quevedo de los nuevos ricos “los nuevos don”, las estafas de muchas profesiones para alcanzar riquezas: sastres, boticarios, letrados, médicos, escribanos…

 

Todo ello contextualizado en un viaje al más allá.

 

ESTILO:

 

El autor, asimilado al narrador, aparece en primera persona y funciona como espectador o participa de la acción a través de los diálogos.

 

Usa la ANAMORFOSIS, que consiste en la descomposición descriptiva de los elementos/ personas en sus características llamativas y la reconstrucción por acumulación. Sirve dicha técnica para criticar/burlarse y reflejar un mundo caótico. Dicho de otra manera, enumera y superpone rasgos externos ordenados de tal modo que resulten caricaturescos.

 

Recursos retóricos frecuentes: tendencia a la hipérbole, el equívoco, la concatenación, las metáforas, la paronomasia o el desplazamiento calificativo.

 

Léxico: uso de neologismos, palabras de origen popular, habla de germanías, jergas profesionales y refranes. Con respecto a los diálogos, se aproxima al lenguaje de las comedias y los entremeses.

 

SUEÑO DEL JUICIO FINAL:

Juicio final.jpg

Dice Homero que los sueños son obra de Zeus y que él los envía.

Un mancebo, tocando la trompeta, movió la tierra para que salieran los muertos a cumplir con su juicio. El trono lo ocupa Dios. Poco a poco van apareciendo distintas “figuras”: mercaderes, prostitutas, médicos (junto con aquellos a los que no les salvaron la vida), curas, poetas, enamorados, filósofos, abogados, sastres, abogados, barberos, ladrones, boticarios…  que aprovecha para caricaturizarlos.

 

El primero que aparece en el juicio es Adán. Luego le sigue Judas Iscariote, Pilatos, Herodes, Mahoma, Lutero… Todos aparecen satirizados con mayor o menor dureza.

 

EL ALGUACIL ENDEMONIADO:

Alguacil.jpg

Describe burlescamente a los alguaciles con gran saña: “los diablos estamos en los alguaciles de mala gana”. Los diablos huimos de la cruz, y ellos la toman como instrumento para hacer el mal”.

 

Quevedo viaja al infierno y se encuentra a los enamorados, los aduladores, los cornudos, los que se enamoraron de viejas, algunos reyes corruptos, muchas  mujeres y a los jueces (la justicia se fue al cielo, porque en la tierra no le hacían caso. La vara de la justicia se usa para robar más que los ladrones).

 

EL SUEÑO DEL INFIERNO:

Infierno.jpg

Describe lo que observa guiado por el ángel de la guarda. Le enseña dos salidas: el de la derecha: senda llena de asperezas, abrojos y malos pasos, donde iba gente desnuda y flaca que no miraba hacia atrás. Ése es el camino de la virtud y el bien. Y la vereda de la izquierda: Lleno de lujos y fiestas. Aquí se citan a los médicos, letrados, unos pocos soldados, sacerdotes, boticarios, sastres, cocheros, juglares, (una juglaresa que “dio plato de sí misma a todo apetito), bufones (aduladores), mercaderes, astrólogos, dueñas, sodomitas, boticarios, hidalgos engreídos, pasteleros (“nos condenamos por el pecado de la carne sin conocer mujer”), mujeres que besaban, zapateros (“se van al infierno por su pie y por el pie de otros”), … Representa el tramo del mal y del vicio. También comenta que hay gente que escoge atajos para cambiar de senda, o sea, los hipócritas, a los que define como “heces del mundo, desechos de la tierra”… Sigue con herejes precristianos: ofiteos (adoradores de la serpiente de Adán y Eva), cainanos (seguidores de Caín), Mahoma, Mesalina, Lutero, Calvino, herodianos…

Dice un diablo: “- Tres cosas hacen ridículos a los hombres: la nobleza, la honra y la valentía”.

 

EL MUNDO POR DE DENTRO:

 

Habla primeramente sobre la vanidad: “deseo peregrino de las cosas, aliméntase con la variedad y diviértese con ella. Dura sólo la pretensión de ellos, porque en llegando cualquiera a ser poseedor, es justamente descontento, porque la novedad es el afeite que más nos atrae”.

A continuación aborda el tema del paso del tiempo con un anciano llamado Desengaño. Éste le enseña el mundo tal cual es. Lo lleva a la Calle Mayor: Hipocresía. Todo el mundo tiene aquí su casa: sastres, caballeros, alcahuetas, prostitutas, verdugos, cornudos, zapateros. La hipocresía es el comienzo y final de todos los pecados. Esto lo ejemplifica con el entierro de una mujer, ya que todos los presentes están por algún interés.

 

SUEÑO DE LA MUERTE:

Muerte.jpg

Critica a médicos (“tienen en el pulgar una piedra tan grande (anillo valioso), que cuando toma el pulso, pronostica al enfermo la losa”), boticarios (“medicamentos caducados en las redomas de puro añejos”).

Dice Quevedo, con respecto al proceso de la muerte: “el clamor del que muere empieza en el almirez del boticario, va al pasacalles del barbero, paséase por el tablado de los guantes del doctor, y acábase en las campanas de la iglesia”).

Continúa su sátira con los habladores, chismosos, mentirosos, entrometidos, mujeres y su carácter voluble.

Le lleva la Muerte al infierno. La presencia de ésta no es la clásica; no aparece con guadaña y esquelética. Allí le enseña los tipos de fallecimientos: muerte de frío, de amor, de miedo, de risa y de hambre. “Dionos Dios una vida y muchas muertes”.

 

Después se encuentra a Juan del Encina, a D. Enrique de Villena y a personajes que intervienen en refranes de la época para solicitarle a Quevedo que, cuando regrese al mundo de los vivos, les pida a los demás que no los mencionen y dejen de extender su imagen estereotipada. Así se topa con el rey Perico, Chisgarabís, el rey que rabió, Pero Grullo, Cantimpalos, el Otro, Trochimochi, Garibay, Vargas, Villadiego, Mari-Rabadilla, Perico de los Palotes, la dueña Quintañona, el bobo de Coria, Pedro Urdemalas, Matalascallando, Juan de Buen Alma,  el sastre del Campillo…hasta Diego Moreno, personaje que se rebela contra Quevedo por el trato que le profirió en el entremés en el que incluyó éste bajo el título de Hallazgo de Diego Moreno. Quevedo le responde sarcásticamente que Diego “fue el primer hombre que endureció de cabeza los matrimonios”. Esto se debe la fama de cornudo que aparece en dicho entremés.

 

Finaliza con Quevedo despertando de su sueño y afirmando: “la gente sin pretensión y desengañada, más atiende a enseñar que a entretener”.

 

ENLACES:

LA POESÍA LÍRICA BARROCA

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