Archivo mensual: mayo 2017

POEMAS CLÁSICOS EN CASTELLANO DEDICADO A ANIMALES

 

FRANCISCO DE QUEVEDO: Soneto al mosquito de la trompetilla

Ministril de las ronchas y picadas, mosquito
Mosquito postillón, Mosca barbero,
Hecho me tienes el testuz harnero
Y deshecha la cara a manotadas.

Trompetilla que toca a bofetadas,
Que vienes con rejón contra mi cuero,
Cupido pulga, Chinche trompetero
Que vuelas comezones amoladas,

¿Por qué me avisas si picarme quieres?
Que pues que das dolor a los que cantas,
De Casta y condición de potras eres.

Tú vuelas y tú picas y tú espantas
Y aprendes del cuidado y las mujeres
A malquistar el sueño con las mantas.

 

FÉLIX MARÍA SAMANIEGO. Las moscas.

A un panal de rica miel Moscas presas
Dos mil Moscas acudieron,
Que por golosas murieron,
Presas de patas en él.
Otra dentro de un pastel
Enterró su golosina.
Así si bien se examina
Los humanos corazones
Perecen en las prisiones
Del vicio que los domina.

ANTONIO MACHADO. Las moscas

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.Las moscas.jpg

¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,

—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,

de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,

de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado

sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

AGUSTÍN DE ROJAS. Loa a las moscas.

…Fiado en esto, pretendo

loar en aquesta loa

una cosa bien humilde,

aunque a muchos enfadosa.

Ésta, con vuestra licencia,

señores, será la mosca,

cuyo sujeto es tan alto

cuanto mi alabanza corta.

Empiezo por su valor,

por su antigüedad notoria,

sus franquezas, libertades

y prosapia generosa.

Celébrese su nobleza

desde París hasta Roma

y desde el Tajo hasta el Bactro

su grandeza se conozca.

Desde el rústico gañán

que se calza abarcas toscas,

al príncipe más supremo

que ciñe regia corona,

¿qué casas o qué palacios

de reinas y de señoras,

qué antecámaras ocultas,

qué damas las más hermosas,

qué templos o que mezquitas,

qué anchas naves, qué galeotas,

qué senado o real audiencia,

qué saraos, fiestas o bodas,

qué taberna, que hospital,

hay de España hasta Etiopia

que la mosca no visite

y entre libremente en todas?

¿Quién le ha negado jamás

el paso franco a la mosca?

¿En qué lugar no se sienta?

¿De qué hermosura no goza?

¿De qué dama más bizarra,

con más arandela y pompa,

los hermosísimos labios

no besa alegre y gozosa?

Y no contenta con esto,

suele bajar de la boca

hasta los hermosos pechos,

y aun lo mal oculto toca.

¿A cuántos su libertad

no enciende en rabia celosa,

viéndola libre y exenta

gozar lo que ellos adoran?

¿En qué Consejo no se halla?

¿Qué consulta hay que se esconda

de su vista peregrina,

o qué secretos pregona?

Ella oye, ve y calla,

no se precia de habladora,

no dice lo que no sabe,

es discreta, no es chismosa.

En el teatro se asienta

a ver la farsa dos horas,

sin pagar blanca a la entrada

ni hacer caso del que cobra.

Si quiere ver todo el mundo,

no ha menester llevar bolsa,

que ella come donde quiere

y todos le hacen la costa.

Los príncipes la acompañan,

duques y marqueses la honran

llevándola a donde van

junto a sus mismas personas.

Tiene carta de hidalguía

y tan noble ejecutoria,

que nunca paga portazgo

en barco, puente, ni flota.

En su vida tuvo pleito,

y si vende alguna cosa,

jamás no paga alcabala,

ni por pérdida se ahorca.

Goza de todas las frutas,

comiendo las más gustosas;

es amiga del buen pan,

del buen vino y buenas ollas,

del turrón y mermeladas,

de arrope, miel y meloja,

de tortadas, manjar blanco,

y de nada nada escota.

En Salamanca, en París,

en Alcalá y en Bolonia,

tiene cursos, y en escuelas

se sienta a do se le antoja.

Cuantos juegos tiene el mundo,

tantos sabe; así a la argolla,

como a naipes y ajedrez,

dados, trucos y pelota.

Es hidalga, es bien nacida

y natural de Moscovia,

ciudad en Mosquea antigua

y muy noble antes de agora.

Para ella no hay engaños,

bebedizos no la ahogan,

los tormentos no la matan,

la justicia no la enoja.

Ella entra en las batallas,

atrevida y animosa,

sin arcabuz, sin mosquete,

peto fuerte, lanza o cota…

RAFAEL ALBERTI. A “Niebla”, mi perro

«Niebla», tú no comprendes: lo cantan tus orejas, Niebla
el tabaco inocente, tonto, de tu mirada,
los largos resplandores que por el monte dejas,
al saltar, rayo tierno de brizna despeinada.
Mira esos perros turbios, huérfanos, reservados,
que de improviso surgen de las rotas neblinas,
arrastrar en sus tímidos pasos desorientados
todo el terror reciente de su casa en ruinas.
A pesar de esos coches fugaces, sin cortejo,
que transportan la muerte en un cajón desnudo;
de ese niño que observa lo mismo que un festejo
la batalla en el aire, que asesinarle pudo;
a pesar del mejor compañero perdido,
de mi más que tristísima familia que no entiende
lo que yo más quisiera que hubiera comprendido,
y a pesar del amigo que deserta y nos vende;
«Niebla», mi camarada,
aunque tú no lo sabes, nos queda todavía,
en medio de esta heroica pena bombardeada,
la fe, que es alegría, alegría, alegría.

VICENTE ALEIXANDRE. A su perro, Sirio.

Oh, sí, lo sé, buen “Sirio”, cuando me miras con tus grandes ojos profundos.
Yo bajo a donde tú estás, o asciendo a donde tú estás
y en tu reino me mezclo contigo, buen “Sirio”, buen perro mío, y me salvo contigo.
Aquí en tu reino de serenidad y silencio, donde la voz humana nunca se oye,
converso en el oscurecer y entro profundamente en tu mediodía.
Tú me has conducido a tu habitación, donde existe el tiempo que nunca se pone.
Un presente continuo preside nuestro diálogo, en el que el hablar es el tuyo tan sólo.
Yo callo y mudo te contemplo, y me yergo y te miro. Oh, cuán profundos ojos conocedores.
Pero no puedo decirte nada, aunque tú me comprendes… Oh, yo te escucho.
Allí oigo tu ronco decir y saber desde el mismo centro infinito de tu presente.
Tus largas orejas suavísimas, tu cuerpo de soberanía y de fuerza,
tu ruda pezuña peluda que toca la materia del mundo,ALEIXANDRE y su perro.jpg

el arco de tu aparición y esos hondos ojos apaciguados
donde la Creación jamás irrumpió como una sorpresa.
Allí, en tu cueva, en tu averno donde todo es cenit, te entendí, aunque no pude hablarte.
Todo era fiesta en mi corazón, que saltaba en tu derredor, mientras tú eras tu mirar entendiéndome.
Desde mi sucederse y mi consumirse te veo, un instante parado a tu vera,
pretendiendo quedarme y reconocerme.
Pero yo pasé, transcurrí y tú, oh gran perro mío, persistes.
Residido en tu luz, inmóvil en tu seguridad, no pudiste más que entenderme.
Y yo salí de tu cueva y descendí a mi alvéolo viajador, y, al volver la cabeza, en la linde
vi, no sé, algo como unos ojos misericordes.

PABLO NERUDA. Un perro ha muerto.

Mi perro ha muerto.Neruda y su perro.jpg

Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.
Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz iría.
Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.

Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero,
que para mí jamás fue un servidor.

Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independienre
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.
No, mi perro me miraba
dándome la atención que necesito,
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.

Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas
del mar, en el invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasado de pájaros glaciales,
y mi perro brincando, hirsuto, lleno
de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.

Alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada.

No hay adiós a mi perro que se ha muerco.
Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.

Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ. Descripción de Platero.

(No se trata de un poema, pero esta narración dispone del lirismo necesario para participar en esta entrada)

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón; PLatero y Juan R. J..jpgque no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel…
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
– Tien´asero…
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

PABLO NERUDA. Oda al gato.

Los animales fueron
imperfectos, Gato. Neruda.jpg
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

AGUSTÍN DE ROJAS. Loa al cerdo.

Cerdo.jpgLo que tiene es que en la vida

es animal sin provecho

y holgazán, que la comida

la gasta holgando y gruñendo.

Porque diréis que la oveja

da la leche, lana y queso,

que labra la tierra el buey,

canta el gallo, caza el perro,

trabaja el asno y encierra

el trigo el agosto hecho;

el caballo va a la guerra,

del ratón escombra el techo

el gato maullador,

y otros muchos sin aquestos:

y solamente el cochino

mientras vive nunca es bueno.

Pero cuando de su vida

llega el venturoso término,

y su alegre San Martín

le viene, que viene presto,

¿qué decís de este animal,

cuando de muy sucio puerco

le convertís en tocino?

Entonces, ¿es malo ó bueno?

Con lo que está en sus entrañas

sepultado y encubierto,

se entretienen todo un año

padres, madres, hijos, nietos.

¡Oh, bellísimo animal,

que, como probado tengo,

eres el más provechoso

de cuantos hoy conocemos!

Concluyo, por no cansar,

y digo que eres tan bueno,

que quien fuere tu enemigo

será enemigo del cielo.

Mi gran rudeza perdona,

cochino hermano, pues siendo

sin número tus grandezas,

tan pocas son las que cuento.

Y si en alabar soy largo

a un animal que es tan bello,

quien fuere puerco perdone,

y no se corra de serlo.

A mi compañero digo

que tenga de hoy más consuelo,

y si todo lo que he dicho

no ha sido de algún provecho,

hágase animal de carga

si no está contento de esto,

o de caza, y podrá ser

que le despedacen perros.

Mas yo por mejor tendría

ser cochino que no ciervo,

y si no lo quiere ser,

sufra carga y sea jumento,

que quien se afrenta de ser

de boca de mujer puerco,

de la de un amigo suyo

ser asno no es mucho yerro.

Y si también se afrentare,

mañana le alabaremos,

que alabanza hay para todos,

aunque no para hombres necios.

 

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