METAPOESÍA. SONETOS


De Baltasar de Alcázar.

Yo acuerdo revelaros un secreto
en un soneto, Inés, bella enemiga;
mas, por buen orden que yo en esto siga,
no podrá ser en el primer cuarteto.

Venidos al segundo, yo os prometo
que no se ha de pasar sin que os lo diga;
mas estoy hecho, Inés, una hormiga:
que van fuera ocho versos del soneto.

Pues ved, Inés, qué ordena el duro hado:
que teniendo el soneto ya en la boca
y el modo de decillo preparado,

conté los versos todos y he hallado
que, por la cuenta que a un soneto toca,
ya este soneto, Inés, es acabado.

Baltasar de Alcázar: Contra el mal soneto.

<<¡Al soneto!, vecinos, ¡al malvado!,
¡Al sacrílego!, ¡al loco!, ¡al sedicioso!,
¡Revolvedor de caldos, mentiroso!,
¡Afrentoso al Señor que lo ha criado!
Atadle bien los pies, porque el taimado
No juegue dellos; pues será forzoso,
Que el sosiego del mundo y el reposo
Vuelva en un triste y miserable estado.
Quemadlo vivo; muera esta cizaña,
Y sus cenizas Euro las derrame
Donde perezcan al rigor del cielo!>>
Esto dijo el honor de nuestra España
Viendo un soneto de discurso infame,
Pero valióle poco su buen celo.

Calvo, A.

Soneto al sonetoUn soneto me manda hacer Elvira

sin saber si soy buen o mal poeta,

porque es niña, inter nos, algo coqueta,

y por tal pequeñeces nunca mira.

 

Ella sabe que yo, su amigo, lira

taño o rasco, y al punto así le peta,

y en lugar de pedirme una cuarteta

un soneto me pide. ¡Qué me admira!

 

Un soneto, Dios mío, lance duro.

¿Qué diré que me saque del apuro?

¿Qué diré que me libre del aprieto?

 

Le diré que es hermosa y hechicera,

y divina y graciosa, y… lo que quiera

que ya no cabe más en un soneto.

Diego Hurtado de Mendoza

Pedís, Reina, un soneto; ya le hago;
Ya el primer verso y el segundo es hecho;
Si el tercero me sale de provecho,
Con otro verso el un cuarteto os pago.

Ya llego al quinto; ¡España! ¡Santiago!
Fuera, que entro en el sexto. ¡Sus, buen pecho!
Si del sétimo salgo, gran derecho
Tengo a salir con vida deste trago.

Ya tenemos a un cabo los cuartetos;
¿Que me decís, Señora? ¿No ando bravo?
Mas sabe Dios si temo los tercetos.

Y si con bien este soneto acabo,
Nunca en toda mi vida más sonetos;
Ya deste, gloria a Dios, he visto el cabo.

Lope de Vega

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

Hermenegildo Martín Borro

Tú no mandas en mí, soneto amigo;

soy yo quien te domina y quien te ordena

y de mis ansias sin cesar te llena,

siendo de mi sentir eco y testigo.

 

Tú atesoras entero, el limpio trigo

que puede dar la vida, cuando es buena.

Y las amargas hieles de la pena

te pueden afligir y estar contigo.

 

La infinitud en tu medida cabe.

Y a mí, que usé tu crátera encendida,

hoy me parecería omisión grave

 

si yo no le expresara a tu universo

que lo mejor de Dios…se llama Vida

y que hasta el mismo Dios cabe en tu verso.

José García Nieto

He vuelto a estas paredes donde encierro
la acostumbrada voz de la amargura
y, junto a aquel verdor, la ya madura
fruta del corazón que, a cada yerro,

se duele de la rama en su destierro
y gana cargazón perdiendo altura;
pero, por ser buscada la clausura,
tibio es el muro y fácil es el hierro.

Hablo de ti, dogal, soneto mío,
que, sin talar, aprietas cada ramo,
que, sin cegar, corriges cada río.

Hablo de lo que ciñe y lo que doma:
de una sombra apretada en la que amo
y un ojo arriba donde Dios se asoma.

Esteban Calle Iturrino

El soneto es un lírico rosario

Que, con catorce cuentas musicales,

Puede plasmar supernos ideales

De un mundo sublunar, imaginario.

 

El soneto es egregio relicario

Que custodia recuerdos terrenales,

Como conserva formas divinales

Perennemente puras, un sagrario.

 

Revelan los cuartetos armoniosos

Lo que, con sus afanes generosos,

Quiere lograr el bardo que lo crea,

 

Y en la urdimbre del último terceto,

Dándole excelso fin, brilla la idea

Genial, inspiradora del soneto.

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