HORACIO QUIROGA. LA GALLINA DEGOLLADA (Versión acortada)


Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta. Mas, por encima de su inmensa amargura, quedaba a Mazzini y Berta gran compasión por sus cuatro hijos. Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo. Cuando los lavaban mugían hasta inyectarse de sangre el rostro. Se animaban sólo al comer, o cuando veían colores brillantes u oían truenos. Se reían entonces, echando afuera lengua y ríos de baba, radiantes de frenesí bestial. Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada más. La desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían nacido de ellos, echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros.

—Es la primera vez —repuso al rato— que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.

—De nuestros hijos, ¿me parece?

—Bueno; de nuestros hijos. ¿Te gusta así? —alzó ella los ojos.

Esta vez Mazzini se expresó claramente:

— ¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?

— ¡Ah, no! —se sonrió Berta, muy pálida— ¡pero yo tampoco, supongo!… ¡No faltaba más!… —murmuró.

Este fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables reconciliaciones, sus almas se unían con doble arrebato y locura por otro hijo. Nació así una niña maravillosa, orgullo de sus padres. Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La sirvienta los vestía, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad y sin ninguna caricia. De este modo Bertita cumplió cuatro años.

Después de almorzar, salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires, y el matrimonio a pasear por sus fincas. Al bajar el sol volvieron; pero Berta quiso saludar un momento a sus vecinas de enfrente. Su hija se escapó enseguida a casa.

 

De pronto, algo se interpuso entre la mirada de los hijos idiotas y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, quería observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Quería trepar, eso no ofrecía duda. Los cuatro idiotas la vieron cómo lograba dominar el equilibrio, y cómo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco. No apartaban los ojos de su hermana, mientras creciente sensación de gula bestial iba cambiando cada línea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La pequeña empezó a caerse del otro lado, seguramente, se sintió cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.

— ¡Soltadme! ¡Dejadme! —gritó sacudiendo la pierna. Pero fue atraída.

— ¡Mamá! ¡Ay, mamá! ¡Mamá, papá! —lloró imperiosamente. Trató aún de sujetarse del borde, pero  se cayó. No pudo gritar más. Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana la sirvienta había desangrado a la gallina.

El matrimonio prestó oído, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Berta iba dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio.

— ¡Bertita!

Nadie respondió.

— ¡Bertita! —alzó más la voz, ya alterada.

Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.

— ¡Mi hija, mi hija! —corrió Mazini ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vio en el piso un mar de sangre. Empujó violentamente la puerta entornada, y lanzó un grito de horror.

Berta, que ya se había lanzado corriendo a su vez al oír el angustioso llamado del padre, oyó el grito y respondió con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, lívido como la muerte, se interpuso, conteniéndola:

—    ¡No entres! ¡No entres!

1 comentario

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Una respuesta a “HORACIO QUIROGA. LA GALLINA DEGOLLADA (Versión acortada)

  1. Yo no estoy convencido con lo aqui comentado, pienso sinceramente que hay muchos elementos que no han podido ser tomados en cuenta. Pero valoro mucho vuestra opinion, es un buen articulo.
    Saludos

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