Archivo diario: 1 diciembre, 2012

EL MITO DE LATONA Y LOS CAMPESINOS.

LatonaUna vez unos campesinos de Licia ofendieron a la diosa Latona (Leto), pero la ofensa no quedó impune. Un hombre viajó a Licia para recoger unos bueyes que había comprado y allí vio la charca donde sucedió el prodigio. Cerca de ella había un antiguo altar, negro de humo de los sacrificios y medio oculto por las cañas. Ese hombre preguntó a quién estaba dedicado ese altar; si a un fauno a las náyades, o algún dios de las vecinas montañas, y uno de los lugareños contestó: “Este altar no es de ningún dios del río ni de las montañas, sino de alguien a quien Hera, arrastrada por los celos, hizo errar de país en país negándole un lugar en la Tierra donde criar a sus hijos gemelos”. Llevando en brazos a sus hijos. Latona llegó a estas tierras fatigada por su carga y abrasada de sed. Por casualidad divisó en el fondo del valle este estanque de agua clara, donde la gente del lugar se afamaba en recoger sauces y mimbres. La diosa se aproximó y, arrodillándose en la orilla, se disponía a saciar su sed, pero los campesinos se lo prohibieron. Los niños extendían sus brazos para beber.
Pero aquellos aldeanos insistieron en su grosería. Éstos se metieron en el estanque y removieron el lodo con sus pies para enturbiar el agua, para que no se pudiera beber. Latona se enfadó tanto que dejó de pensar en la sed. Ya no suplicó más a esos brutos, sino que, levantando las manos hacia el cielo, exclamó: “Así no abandonen nunca esta charca y se pasen la vida en ella”. Y así sucedió. Son ranas y viven entre el fango de la charca.

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EL MITO DE CÉFALO Y PROCIS

Céfalo era un eolio, hijo de Deyoneo, rey de la Fócide. Céfalo se casó con Procris.

Eos, la diosa de la aurora, se enamoró de Céfalo, por decisión de Afrodita, que no le perdonaba el haberla encontrado en el lecho con su amante Ares. Eos secuestró a Céfalo e intentó hacerlo su amante, pero Céfalo la rechazó recordando los votos de fidelidad de su esposa. Eos trató de convencerle de que Procris faltaría a su promesa a cambio de riquezas, lo que Céfalo negó indignado. Para dejar que se convenciese por sí mismo, Eos dio a Céfalo la forma de un hombre rico, y bajo esta apariencia le dejó marchar para que probase la castidad de su mujer.

Fingiendo ser otro, Céfalo intentó sobornar a su amada con una corona de oro. Al ver que Procris accedió, se volvió entristecido a los brazos de Eos, con la que tuvo un hijo al que llamaron Faetonte.

Mientras tanto, Procris, huyendo de su soledad en Atenas, viajó hasta Creta, donde el rey Minos la sobornó para que fuera su amante. Le regaló un perro infalible en la caza, y una jabalina que nunca erraba en el blanco, ambos regalos de Artemisa. Pero temiendo la ira de la esposa de Minos, famosa hechicera, se disfrazó de muchacho y regresó a su tierra natal, confortándose con la práctica de la caza, de la que era gran aficionada.

El destino quiso que precisamente en una cacería se volviera a encontrar con Céfalo, que no la reconoció. Éste envidiaba el sabueso y la lanza de Procris, y le propuso que se los vendiera. Pero la joven, que ya se había dado cuenta de que Céfalo era su gran amor, le contestó que sólo se los daría si la hacía su amante. Céfalo accedió, y en su primera cita Procris le reveló, llorando y arrepentida, su verdadera identidad. Así, ambos esposos se reconciliaron, y tuvieron un hijo llamado Arcisio, que sucedería a su padre como gobernante de su reino. Este Arcisio fue el abuelo de Odiseo.

Pero la despechada Eos no perdonaría ser abandonada por Céfalo y le maldijo amargamente, poco antes de que comenzase a buscar un nuevo amor. Esta maldición se materializó a través de Artemisa, a la que no le había gustado nada el que sus preciados regalos (el perro y la jabalina) fueran objeto de un tráfico tan inmoral. Hizo que Procris sintiera todavía celos de la Aurora, y sospechara de que su marido abandonase el lecho siempre antes de que saliese el sol.

Cefalo y ProcisCéfalo estaba un día sentado junto a un árbol, acalorado tras una cacería, y cantaba un pequeño himno al viento (Aura). Un paseante casual le oyó y pensó que estaba cortejando a una amante. Procris lo supo y al día siguiente fue en su busca. Como estaba sentado cantando el mismo himno, pensó que le cantaba a su antigua amante Aurora (Eos) y se movió. Céfalo, oyendo la agitación en la maleza y creyendo que el ruido era de un animal, lanzó la infalible jabalina en la dirección del sonido y atravesó a Procris. Mientras moría en sus brazos, le dijo que «por nuestros votos nupciales, por favor no te cases nunca con Aurora». Céfalo quedó afligido por la muerte de su amada Procris, y aceptó el destierro a Tebas que le impuso el Areópago.

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EL MITO DE PÍRAMO Y TISBE

Era Píramo el joven más apuesto y Tisbe la más bella de las chicas de Oriente. Vivían en la antigua Babilonia, en casas contiguas. Su proximidad les hizo conocerse y empezar a quererse. Con el tiempo creció el amor.

Hubieran acabado casándose, pero se opusieron los padres. Aunque no les dejaban verse, lograban comunicarse de alguna forma.

La pared medianera de las dos casas tenía una pequeña grieta casi imperceptible, pero ellos la descubrieron y le hicieron conducto de su voz. A través de ella pasaban sus palabras de amor.

Pero un día acordaron escaparse por la noche, burlando la vigilancia, y reunirse fuera de la ciudad. La primera en llegar fue Tisbe. Ésta, una vez en el punto de reunión cerca de una fuente, escapó de una leona que tenía sus fauces aún ensangrentadas de una presa reciente. En su huida se le cayó el velo con que cubría su cabeza. Cuando la leona hubo aplacado su sed en la fuente, encontró el velo y lo destrozó con sus garras y sus dientes.

Algo más tarde llegó por fin Píramo. Distinguió en el suelo las huellas de la leona y el velo de Tisbe con sangre y no pudo reprimirse, ya que se consideraba culpable de su muerte. Se hundió el puñal en las entrañas. Su sangre salpicó hacia lo alto y manchó de oscuro la blancura de las moras.

Cuando Tisbe se recuperó de su susto encontró a su amado muerto en el suelo y su propio velo rasgado por la leona, decidió seguir a Píramo y TisbePíramo en su muerte, y les rogó a los dioses que los unan en la muerte. Sus plegarias conmovieron a los dioses y, desde entonces, las moras son de color oscuro cuando maduran y los restos de ambos descansan en una misma urna.

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EL MITO DE PANDORA

Pandora es la primera mujer. Hefesto (dios del fuego) la modeló a imagen y semejanza de los inmortales con la ayuda de Palas Atenea (diosa de la sabiduría). Zeus ordena su creación para castigar a la raza humana, porque Prometeo le había robado el fuego divino para dárselo a los hombres. Cada dios le otorgó a Pandora una cualidad como la belleza, la gracia, la persuasión y la habilidad manual, entre otras cosas; pero Hermes (mensajero de los dioses e intérprete de la voluntad divina) puso en su corazón la mentira y la falacia.

La caja de PandoraTodo comienza cuando Zeus le entrega a Pandora una caja para que se la lleve a Epimeteo (hermano de Prometeo). Ésta contenía todos los males existentes, y por ende, se le prohíbe abrirla; sin embargo, Pandora -quien poseía una gran curiosidad- hace caso omiso de la orden de Zeus y abre la caja. En ese momento, todos los males escapan y se alojan entre los hombres. Pandora asustada cierra la caja dejando un solo elemento sin escapar, la Esperanza.

Lo que llama la atención es el porqué los antiguos griegos consideraban la esperanza como un mal. Si buscamos la definición de esperanza nos encontramos con que es “el hecho de desear que algo se cumpla”.

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