CERVANTES Y SUS CUATRO SONETOS SATÍRICOS MÁS IMPORTANTES


Como sonetista Cervantes logró sus mayores ovaciones, sobre todo los de tono satírico y humorístico. destacan: “Al túmulo de Felipe II en Sevilla”:

¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describidla!;
porque, ¿a quién no suspende y maravilla
esta máquina insigne, esta braveza?

¡Por Jesucristo vivo, cada pieza
vale más que un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla,
Roma triunfante en ánimo y riqueza!

¡Apostaré que la ánima del muerto,
por gozar este sitio, hoy ha dejado
el cielo, de que goza eternamente!”

Esto oyó un valentón y dijo: “¡Es cierto
lo que dice voacé, seor soldado,
y quien dijere lo contrario miente!”

Y luego incontinente
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.

y “A la entrada del duque de Medina en Cádiz“. En este caso nos acerca un poema rebosante de amarga sátira contra las tropas del duque, que llegaron a dicha ciudad cuando los ingleses habían ya salido de allí, después de saquearla durante 24 días.

Vimos en julio otra semana santa,
atestada de ciertas cofradías
que los soldados llaman compañías,
de quien el vulgo, y no el inglés, se espanta.

Hubo de plumas muchedumbre tanta,
que, en menos de catorce o quince días,
volaron sus pigmeos y Golias,
y cayó su edificio por la planta.

Bramó el becerro y púsolos en sarta,
tronó la tierra, escureciose el cielo,
amenazando una total ruina,

y al cabo, en Cádiz, con mesura harta,
ido ya el conde, sin ningún recelo,
triunfando entró el gran Duque de Medina.

“A un valentón metido a pordiosero“, (caricatura de aquellos soldados vanidosos que debió conocer Cervantes en Sevilla):

Un valentón de espátula y gregüesco
que a la muerte mil vidas sacrifica
cansado del oficio de la pica
mas no del ejercicio picaresco,
retorciendo el mostacho soldadesco
por ver que ya su bolsa le repica,
a un corrillo llegó de gente rica
y en el nombre de Dios pidió refresco.
-Den voacedes, por Dios, a mi pobreza
-les dice-; donde no, por ocho santos,
que haré lo que hacer suelo sin tardanza.
Mas uno que a sacar la espada empieza:
-¿Con quién habla -le dijo- el tiracantos?
¿Qué es lo que suele hacer en tal querella?

 

Respondió el bravonel: -Irme sin ella.

y “A un ermitaño“:

Maestro era de esgrima Campuzano,

de espada y daga diestro a maravilla;

rebanaba narices en Castilla

y siempre le quedaba el brazo sano.

Quiso pasarse a Indias un verano

y vino con Moltalvo, el de Sevilla;

cojo quedó de un pie de la rencilla,

tuerto de un ojo, manco de una mano.

Vínose a recoger aquesta ermita

con su palo en la mano y su rosario

y su ballesta de matar pardales.

Y con su madalena, que le quita

mil canas, está hecho un San Hilario.

¡Ved cómo nacen bienes de los males!

Otros sonetos de Cervantes, procedentes de Cervantes virtual

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