RODIN Y EL HOMBRE SIN CABEZA


El gobierno francés le encargó a Auguste Rodín una estatua para la embajada italiana. El maestro aceptó el encargo y esculpió un hombre sin cabeza; le puso por título “El hombre que camina”. El ministro de Bellas Artes no estuvo de acuerdo con la obra y expresó que quería algo alegórico al lugar y a la función. Rodín le respondió: – Señor ministro, esté seguro de que un hombre sin cabeza es el símbolo perfecto de la diplomacia y de la política. Y fue aceptada.

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