Archivo mensual: marzo 2010

MARIANO JOSÉ DE LARRA. De la sátira y de los satíricos

Tiempo hacía que deseábamos una ocasión de decir algo acerca de la mala interpretación que se da generalmente al carácter y a la condición de los escritores satíricos. Créese vulgarmente que sólo un principio de envidia, y la impotencia de crear, o un germen de mal humor y de misantropía, hijo de circunstancias personales o de un defecto de organización, pueden prestar a un escritor aquella acrimonia y picante mordacidad que suelen ser el distintivo de los escritos satíricos. Confesamos ingenuamente que estamos demasiado interesados por la tendencia general de los nuestros en desvanecer semejante prevención; no diremos que no hayan abusado muchas veces hombres de talento del don de ver el lado ridículo de las cosas, y que no le hayan hecho servir algunas para sus fines particulares. Esto es demasiado cierto por desgracia; ¿pero de qué don de la Naturaleza no ha abusado el hombre, y quién será el que se atreva a sacar deducciones generales de meras excepciones?

Nosotros por eso no dejaremos de reconocer en los escritores satíricos calidades eminentemente generosas; en cuanto a las dotes que de la Naturaleza debe de haber recibido el que cultiva con buen éxito tan difícil género, ha de poseer suma perspicacia y penetración para ver en su verdadera luz las cosas y los hombres que le rodean; y para no dejarse llevar nunca de las apariencias, que lo cubren todo con su barniz engañoso; profundo por carácter y por estudio, no ha de detenerse jamás en su superficie, sino desentrañar las causas y los resortes más recónditos del corazón humano. Esto puede dárselo la Naturaleza; pero es forzoso además que las circunstancias personales lo hayan colocado constantemente en una posición aislada e independiente; porque de otra suerte, y desde el momento en que se interese más en unas cosas que en otras, difícilmente podrá ser observador discreto y juez imparcial de todas ellas. Como el que censura las acciones y opiniones de los demás es el que naturalmente debe encontrar más dificultad en convencer y persuadir, necesita añadir a su clara vista el arte no menos importante de decir, lo uno porque no hay verdad que, mal o inoportunamente dicha, no pueda parecer mentira; lo otro porque rara vez nos persuade la verdad que no nos halaga, y el arte de decir es casi siempre obra del estudio. Son raras además las verdades que la Naturaleza nos presenta claras por sí solas, y que no necesitan para ser comprendidas y desarrolladas gran copia de conocimientos. Ni son todas las épocas iguales; y maneras de decir que en un siglo pudieran ser no sólo permitidas, sino lícitas, llegan a ser en otro chocantes, cuando no imposibles. Ésta es la razón por que el satírico debe comprender perfectamente el espíritu del siglo a que pertenece; y ésta es la gran diferencia que entre los satíricos de las literaturas antigua y moderna choca al estudioso. El primer satírico de quien, rastreando en la oscuridad de los tiempos, hallamos fragmentos, es Aristófanes, que en sus Nubes, sátira dialogada e informe, más bien que comedia, se propuso ridiculizar nada menos que a uno de los primeros filósofos de la antigüedad, el divino Sócrates. Cualquiera que conozca la desnudez desvergonzada de aquella producción nos confesará que hubiera sido execrada en épocas de mayor cultura. Y dejando a un lado los tiempos remotos de la antigua Grecia, pasemos rápidamente la vista sobre el modo de decir de los escritores del siglo cultísimo (con relación sin duda a los anteriores) de Augusto, y dígasenos francamente si el oscuro Persio, si el acre Juvenal, usando de giros más cínicos que los mismos personajes imperiales que satirizaban, hubieran hallado lectores sufridos en nuestro siglo de más hipócritas modales, amigo de giros más mojigatos. Y no hablemos de la licenciosa manera de Catulo y de Tibulo, de la desnudez de Marcial; contraigámonos al severo Cicerón, al dulcísimo y ameno Virgilio, al cortesano Horacio. Más de un pasaje de la Catilinaria o de la oración contra Verres, la égloga entera de Alexis y Coridón, la oda burlesca a Príapo y otros cien trozos de aquellos órganos del buen gusto romano hubieran provocado gestos de hastío y de indignación, no precisamente en nuestra moderna sociedad, pero aun en el siglo de Luis XIV, más aproximado a ellos que nosotros. Y descendiendo a éste, el mismo Boileau, tan mirado, tropezaría con más de un improbador; es rara la comedia de Regnard y de Molière en que no resaltan trozos, escenas que ruborizan en el día cuando se repiten al parterre francés del siglo XIX.

No queremos decir con esto que un siglo sea mejor que otro y que nuestras costumbres sean preferibles a aquéllas, por más que nos fuese fácil hallar razones en apoyo de esta opinión; pero como quiera que no nos sea posible entrar simultáneamente en dos cuestiones diversas, nos contentaremos con decir lo que únicamente hace a nuestro propósito: que las costumbres varían; que el pudor va a más en las sociedades con su edad, así como en los individuos; y que solamente se halla oculto aún o perdido ya en la infancia y en la vejez. Aristófanes y la antigua Grecia carecen de él, porque aquélla era la infancia de la sociedad europea de entonces. Se ve atropellado en la decadencia de la sociedad romana; y si en el siglo de Luis XV vuelve a ser completamente echado en olvido, si multitud de escritos de la Revolución francesa le ahogan miserablemente, si los Pigault-Lebrún destrozan su modesto velo por algún tiempo, a sabiendas y con complicidad de la sociedad entera, es porque una nueva decrepitud va a dar lugar a una regeneración, pues que las sociedades no perecen para siempre como los individuos, sino que mueren para renacer, o por mejor decir, nunca mueren sino aparentemente; marchan constantemente a un fin, a la perfectibilidad del género humano, que en toda su historia descubrimos, por más lentamente que se verifique; sus muertes aparentes no son sino crisis; son sólo en nuestro entender sacudimientos momentáneos; en una palabra, son los esfuerzos que hace la crisálida para sacudir su anterior envoltura y pasar a la existencia inmediata.

Para aquellos que no vean como nosotros la marcha absolutamente progresiva del género humano, para los que no vean mayor perfección en nuestras costumbres, comparándolas con las de los siglos anteriores, nuestra cultura sería por lo menos hipocresía, y si ésta es, como se ha dicho, un «homenaje que el vicio rinde a la virtud», no nos podrán negar que es una ventaja, pues mucho lleva adelantado para hacer una cosa el que la cree buena.

Admitida, pues, esta diferencia de costumbres, y esa mayor delicadeza del gusto, es indisputable que los satíricos bien recibidos en una época serían silbados en otra. Y esto no sólo aumenta las dificultades en nuestros días para los escritores satíricos, sino que, a decir verdad, indica una época de muerte próxima ya para el género. Por mejor decir, traslucimos la época en que la sátira, comprimida por todos lados, habrá de refundirse, de reducirse estrechamente en la jurisdicción de la crítica. Ésta es la razón por que ya en el día no admitimos de ninguna manera la sátira personal, la sátira de Aristófanes y de Juvenal. Quédese en buen hora para adornar las tablas del estante del estudioso; pero en el siglo de la buena educación, de miramientos sociales, de mutuas consideraciones que alcanzamos, necesita más que nunca la sátira del apoyo de la verdad y de la utilidad; concedámosle causticidad, si se quiere, cuando le sea más fácil enseñarnos una verdad útil, poniendo en ridículo el error; pero si las personas no son nada para la sociedad, si sólo sus acciones públicas, si sólo sus sistemas y sus yerros políticos pueden rozarse con el interés general, quitémosle a la sátira toda alusión privada, arrebatémosle la ponzoña que la degrada y la vuelve venenosa, y la única posibilidad que ella tiene de ser más perjudicial que provechosa. Sentados, admitidos una vez estos principios, distingamos de escritores satíricos.

Al mérito que contrae con la sociedad el satírico que puede en el día vencer aquellas dificultades, añadamos, para acabar de desvanecer la general prevención, algunas consideraciones.

No reflexionan los que interpretan mal la índole de los escritores satíricos cuán caros compran éstos sus laureles. No reflexionan que el que carga con la responsabilidad de la pública censura ha menester de algún valor; no meditan que es raro el párrafo que, al acarrear alguna utilidad a la sociedad, no acarrea de paso a su autor algún disgusto, ora público, ora privado. Es difícil zaherir los errores de los hombres sin granjearse enemigos; porque rara vez el que los padeció tiene suficiente desprendimiento para separarse de ellos sin vengarse, o generosidad bastante para hacer en las aras del bien público el sacrificio de su amor propio y de sus mezquinos resentimientos personales. Si a esto se añade que generalmente la sátira desprecia a los débiles, porque trata de vencer oposiciones, y aquéllos están por sí solos vencidos, se deducirá fácilmente que el satírico no sólo ha de arrostrar enemigos, sino enemigos poderosos. Las comunidades, los cuerpos, en una palabra, la sociedad no es agradecida, porque no tiene centro de pasiones y sentimientos como el individuo, y porque cree, acaso con razón, que todo se le debe; de suerte que el satírico, al hacerse enemigos poderosos, no se hace amigo ninguno, no encuentra apoyo ni compensación. Y la prueba de esta triste verdad es este mismo esfuerzo que en favor de los escritores satíricos tenemos que hacer. ¿Cómo paga la sociedad los servicios que el escritor satírico le hace destruyendo errores y persiguiendo las preocupaciones que le abruman? Los paga suponiendo en el satírico mala índole, condición maligna, y como de esas veces intención personal o defecto de organización. Esto sólo bastaría a disgustar el alma más generosa, si el amor a la independencia, si el amor al bien, digámoslo sin rubor, no fuese las más veces la mejor recompensa de una intención pura.

Y si con respecto a la moralidad o al amor al bien del que se erige voluntariamente en campeón suyo, arrostrando tantos peligros, hallásemos impugnaciones, no necesitaríamos por cierto ir muy lejos a buscar ejemplos que apoyasen nuestro aserto. Echemos una ojeada sobre el carácter privado de los escritores satíricos más conocidos, y dígasenos si la noble indignación de Juvenal contra el vicio está desmentida en su vida; si no se reconoce en la de Boileau; si ofrece pruebas contra ella la del virtuoso Molière o la del adusto Addison; si la filantropía y la beneficencia con que ilustró su vida el filósofo de Ferney pueden ponerse en duda; y viniendo a nosotros, donde este argumento fuera más fácil de contradecirse, si no fuese tan cierto, ¿qué actos públicos nos han quedado como prueba de la inmoralidad, de la perversidad de los satíricos, en la biografía de los Góngoras, de Cervantes, de Quevedo (por más que se haya querido manchar la memoria de estos hombres con suposiciones no bastante probadas o con recuerdos de anécdotas picarescas), en la del virtuoso Jovellanos, en la de Forner, en la de Moratín, en la de cuantos han cultivado con más o menos acierto la sátira entre nosotros?

¿De qué crímenes públicos podremos hallar la tacha en tan ilustres vidas? ¿Dónde está la huella de esa maligna condición que debía hacer para ellos de la sátira una pasión dominante y nociva?

Acabemos de conocer de una vez que esa opinión general tan injusta es otra dificultad que arrostra el satírico, y que, si la calumnia se adhiere con predilección a la fama de los hombres de mérito, no es seguramente la de los satíricos la que echa en olvido, y no son sus cenizas las que su puñal revuelve con menos encarnizamiento, para valernos de la expresión de un poeta.

La otra consideración que nos queda que hacer es en verdad más personal a los escritores satíricos, pero una vez meditada no es por eso menos triste. Supone el lector, en quien acaba un párrafo mordaz de provocar la risa, que el escritor satírico es un ser consagrado por la Naturaleza a la alegría, y que su corazón es un foco inextinguible de esa misma jovialidad que a manos llenas prodiga a sus lectores.

Desgraciadamente, y es lo que éstos no saben siempre, no es así. El escritor satírico es por lo común, como la luna, un cuerpo opaco destinado a dar luz, y es acaso el único de quien con razón se puede decir que da lo que no tiene. Ese mismo don de la naturaleza de ver las cosas tales cuales son, y de notar antes en ellas el lado feo que el hermoso, suele ser su tormento. Llámanle la atención en el sol más sus manchas que su luz, y sus ojos, verdaderos microscopios, le hacen notar la fealdad de los poros exagerados, y las desigualdades de la tez en una Venus, donde no ven los demás sino la proporción de las facciones y la pulidez de los contornos; ve detrás de la acción aparentemente generosa el móvil mezquino que la produce; ¡y eso llaman sin embargo ser feliz! Esa acrimonia misma, esa mordacidad jocosa que suele hacer tan a menudo el contento de los demás, es en él la fría impasibilidad del espejo que reproduce las figuras no sólo sin gozar, sino a veces empañándose.

Molière era el hombre más triste de su siglo, y entre nosotros difícilmente pudiéramos citar a Moratín como un modelo de alegría. Apelamos, si no, a cuantos le hayan conocido. Y si nos fuera lícito en fin nombrarnos siquiera al lado de tan altos modelos, si nos fuera lícito siquiera adjudicarnos el título de escritores satíricos, confesaríamos ingenuamente que sólo en momentos de tristeza nos es dado aspirar a divertir a los demás.

Pero nuestros lectores perdonarán fácilmente este atrevimiento, si antes de concluir este artículo les confesamos que sólo ha podido dar lugar a él una inculpación que nos ha sido hecha recientemente: hay quien supone que sólo una «pasión dominante» de criticar guía nuestra pluma. No como escritores de mérito, que envidiamos a cuantos le tienen, y del cual nos vemos desgraciadamente demasiado desnudos, sino al fin como escritores satíricos, calidad que ni podemos ni queremos negar, hemos tratado de salir a la defensa de su supuesta maligna condición. Ignoramos si lo habremos logrado, pero nunca creeremos inútil hacer nuevas profesiones de fe, por más que las hayamos repetido, en punto tan importante. Somos satíricos porque queremos criticar abusos, porque quisiéramos contribuir con nuestras débiles fuerzas a la perfección posible de la sociedad a que tenemos la honra de pertenecer. Pero deslindando siempre lo lícito de lo que nos es vedado, y estudiando sin cesar las costumbres de nuestra época, no escribimos sin plan; no abrigamos una pasión dominante de criticarlo todo con razón o sin ella; somos sumamente celosos de la opinión buena o mala que puedan formar nuestros conciudadanos de nuestro carácter; y en medio de los disgustos a que nos condena la dura obligación que nos hemos impuesto, cuyos peligros arrostramos sin restricción, el mayor pesar que podemos sentir es el de haber de lastimar a nadie con nuestras críticas y sátiras; ni buscamos ni evitamos la polémica; pero siempre evitaremos cuidadosamente, como hasta aquí lo hicimos, toda cuestión personal, toda alusión impropia del decoro del escritor público y del respeto debido a los demás hombres, toda invasión en la vida privada, todo cuanto no tenga relación con el interés general. Júzguennos ahora nuestros lectores, y zumben en buen hora en derredor nuestro los tiros emponzoñados de los que son en realidad más malignos que nosotros.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo ARTÍCULOS

TÓPICOS LITERARIOS.

AEQUO PULSAT PEDE (Golpea con igual pie”)

Carácter igualitario de la muerte que,  en su poder, no discrimina a sus víctimas ni respeta jerarquías.

Similar a “Omnia mors aequat”.

AMOR POST MORTEM (“Amor más allá de la muerte”)

Carácter presuntamente eterno del amor, que traspasa la frontera de la vida, perviviendo tras la muerte física.

ARMA ET LITTERAE (“Las armas y las letras”):

Discurso de carácter polémico sobre la mayor utilidad que a la república prestan una u otra. Tradicionalmente, vencen las armas.

AMOR BONUS (“Amor bueno”):

Carácter positivo, honesto, del amor espiritual.

AMOR FERUS (“Amor salvaje”):

Carácter negativo, fiero, del amor estrictamente físico o corporal. En la oposición correspondiente a buen amor, equivale a loco amor.

AMOR MIXTUS (“Amor mixto”):

Carácter complejo y unitario del amor físico y el espiritual, cuando se dan conjuntamente.

ARS AEMULA NATURAE (“El arte emula a la Naturaleza”):

Carácter imitativo del Arte, que trata de igualar a la Naturaleza para poder competir con ella.

Similar a “Ars naturae imitatio”.

ARS EST CELARE ARTEM  (“El arte oculta al arte”):

Carácter presuntamente oculto del verdadero valor artístico: el mejor arte es aquel que no lo parece, el más natural.

ARS GRATIA ARTIS (“El arte por el arte”):

Carácter autónomo del arte, independiente de cualquier principio o conside-ración no artística.

ARS NATURAE IMITATIO (“El Arte, imitación de la Naturaleza”):

Carácter imitativo del arte respecto a la Naturaleza: principio de la “mímesis” aristotélica.

Similar a “Ars aemula naturae”.

ASTRA INCLINANT, SED NON CADUNT (“Los astros se inclinan, pero no caen”):

Carácter compatible del determinismo astrológico y el libre albedrío humano.

Similar al cast. “Dios aprieta, pero no ahoga”.

AURA MEDIOCRITAS (“Dorada medianía”):

Carácter positivo de la mediocridad, entendida como naturalidad y sencillez, alejada de toda ostentación.

BEATUS ILLE (“Dichoso aquél…”)

Carácter elogiable de la vida campestre,  alejada de la sociedad urbana, considerada nociva.

Var. cast.: MENOSPRECIO DE CORTE Y ALABANZA DE ALDEA: Relación antagónica entre la vida urbana (cortesana) y la rural (campesina), entre el convencio-nalismo de la primera y la autenticidad de la segunda.

BELLUM OMNIA CONTRA OMNES (“Guerra de todo contra todos”)

Carácter bélico de  la existencia y las relaciones humanas, que implican un enfrentamiento continuo en el devenir vital.

Similar. a “Militia est vita”.

CAPTATIO BENEVOLENTIAE (“Captación de la benevolencia”):

Conjunto de fórmulas fraseológicas y procedimientos introductorios, destinadas a ganarse la benevolencia de todo oyente o lector.

CARPE DIEM (“Goza de este día”):

Carácter único e irrepetible de la juventud; invitación a gozar con intensidad los años jóvenes (simbolizados en el día), debido al paso fugaz del tiempo que nos conduce, irremediablemente, a la vejez y a la muerte.

Similar a “Collige, virgo, rosas”.

CASIBUS PRINCIPUM (DE) (“Caída de príncipes”):

Carácter inestable, por lo temporal, de toda situación privilegiada.

CASTIGAT RIDENDO (“Censura riendo”):

Carácter clave de la comedia: corregir las costumbres por medio de la sonrisa.

Es extensible a cualquier escrito moralizante con expresión amena.

COLLIGE, VIRGO, ROSAS (“Coge, virgen, las rosas..”):

Carácter irrecuperable de la juventud y la belleza: invitación a gozar del amor (simbolizado en la rosa) antes de que el tiempo robe nuestros mejores años (los marchite).

Similar. a “Carpe diem”.

CONCORDIA DISCORS (“Acuerdo discordante”):

Carácter armónico de la conjunción de elementos, de cualquier tipo, aparentemente discordantes

CONTEMPTUS MUNDI (“Desprecio del mundo”):

Carácter menospreciable del mundo y de la vida, vistos corno un valle de lágrimas y dolor.

CUNCTIS SUA DISCIPLET AETAS (A todos desagrada su edad”):

Carácter menospreciable del momento histórico en que se vive, desacuerdo con el propio entorno socio-histórico.

Similar al cast. “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.

CURIA ROMANA NON CURAT OVEM SINE LANA (“La Curia  romana no cuida las ovejas sin lana”):

Tópico anticlerical que aduce el carácter interesado de la Curia pontificia, resaltando su egoísmo, contrario a la religión que proclama.

DE CLARIS MULIERIBUS (“De las mujeres ilustres”):

Carácter virtuoso de la mujer:  apología de sus rasgos positivos, frente a los planteamientos misóginos.

DELECTARE ET PRODESSE (“Deleitar y aprovechar”):

Carácter  bivalente que debe tener la obra literaria, destinada a entretener y, a la vez, enseñar.

Similar a “Dulce et utile” y al cast. “Enseñar deleitando”.

DESCRIPTIO PUELLAE (“Descripción de la joven”):

Carácter enumerativo-gradativo de la descripción física de una joven: sucesión descendente de elementos elogiables: cabeza, cuello, brazos, manos, torso y pies.

DIGNITAS HOMINIS (“Dignidad del hombre”):

Carácter dignificador de la naturaleza humana: el hombre, a imagen de Dios, es centro de la Creación y señor en la tierra, siendo su destino la gloria eterna.

DOCERE A CONTRARIIS (“Enseñar por contrario”):

Carácter didáctico de la antítesis: mostrar el mal como camino que debe evitarse para encontrar el bien.

Es extensible a todo tipo de situaciones antagónicas.

DULCE ET UTILE (“Agradable y útil”):

Carácter bivalente de la obra literaria.

Similar a “Delectare et prodesse”.

DUM VIVIMUS, VIVAMUS (“Mientras vivimos, vivamos”):

Carácter pasajero e irrenunciable de la existencia humana: invitación al goce y disfrute de la vida hasta su interrupción por la muerte.

EDAD DE ORO (“época áurea”):

Carácter irrecuperable de una época ya pasada: evocación de un tiempo ante-rior considerado mejor al actual, causa de descontento.

Implica la tópica antítesis: “edad de oro” (pasado) frente a “edad de hierro” (presente).

Similar. a “Cunctis sua disciplet aetas” y al cast.  “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.

ENCOMIUM MORIAE (“Elogio de la locura”):

Carácter positivo de la irracionalidad:  sátira del racionalismo ignorante frente al elogio de la irracionalidad o espontaneidad inteligente.

Similar al cast. “Triunfo de la locura” y Ant. del cast. “Triunfo de la razón”.

ET IN ARCADIA EGO (“Yo también he vivido en la Arcadia”):

Carácter efímero dc la felicidad terrena: expresa la fugaz duración de la dicha y la nostalgia que provoca su pérdida.

Similar al cast. “Paraíso perdido”.

EST MODUS IN REBUS (“En todo hay una medida”):

Carácter mesurable de la realidad: en toda situación hay un límite que no debe sobrepasarse.

Sin. a “Ne quid mimis” y al cast. “Todo exceso es reprobable”.

FABER FORTUNAE SUAE (“(El hombre), artífice de su fortuna”):

Carácter activo del hombre frente al destino: proclamación de su capacidad de forjarlo por sí mismo.

FORTUNA NUMQUAM SISTIT IN EODEM STATU  (“La fortuna nunca se detiene en el mismo sitio”):

Carácter inconstante y voluble de la fortuna.

Similar. a “Levis est fortuna”.

FUGIT IRREPARABILE TEMPUS (“El tiempo pasa irremediablemente”):

Carácter irrecuperable del tiempo vivido: evocación de la condición fugaz de la vida humana.

HOMO MENSURA (“El hombre como medida”):

Carácter nuclear del hombre, visto como eje vertebrador del mundo que lo rodea. Es un principio básico del antropocentrismo.

HOMO SUM: HUMANI NIHIL A ME ALIENUM PUTO (“Soy hombre: nada humano considero ajeno”):

Carácter solidario de la naturaleza humana: proclamación de identificación con todo lo considerado humano, desde cualquier perspectiva.

HOMO VIATOR (“El hombre, viajero”):

Carácter itinerante del vivir humano, considerada la existencia como “camino”, viaje o peregrinación que debe recorrerse.

Sin. de “Peregrinatio vitae”.

HONOS ALIT ARTES (“El honor alimenta las artes”):

Carácter interesado de toda creación artística que, como móvil básico, busca la fama de su autor.

LATET ANGUIS IN HERBA (“La culebra se esconde en la hierba”):

Carácter engañoso de la Naturaleza y, por extensión, de la realidad: su atractivo exterior puede ocultar la ponzoña y el dolor.

LAUDES LITTERARUM (“Elogio de las letras’):

Carácter formativo de las letras como base educativa del verdadero humanista: el hombre libre.

LEVIS EST FORTUNA (“La fortuna es leve”)

Carácter inconstante de la fortuna, vista como mudable e insegura.

Similar a “Fortuna nunquam sistit in eodum statu”.

LITTERAE NON DANT PANEM (“Las letras no producen pan”):

Carácter improductivo de la creación literaria  que no produce -en general- grandes beneficios económicos a sus autores.

LOCUS AMOENUS (“Lugar agradable”).

Carácter mítico del paisaje ideal, descrito bucólicamente a través de sus diversos componentes (prado, arroyo, árbol…) y relacionado, casi siempre, con el sentimiento amoroso.

LUDIBRIUM OCULORUM (“Engaño de los ojos”):

Carácter engañoso de la realidad captada a través de la mirada: tras una aparente belleza puede ocultarse una verdad sombría.

MEDITATIO MORTIS (“Preparación para la muerte”):

Carácter ineludible de la muerte que, según el pensamiento ascético, debe convertirse en preocupación central del pensamiento humano.

MEMENTO MORI (“Recuerda que has de morir”):

Carácter cierto de la muerte como fin de la vida. Advertencia aleccionadora de carácter ascético.

MILITIA EST VITA HOMINIS SUPER TERRA (“La vida de  los hombres sobre la tierra es lucha”):

Carácter bélico de la vida humana, entendida como campo de batalla en el que se desarrolla una continua lucha frente a todo: los hombres, la sociedad, el destino…

Similar a “Bellun omnia contra omnes” y a “Vita-militia”.

MILITIAE SPECIES AMOR EST (“El amor es un tipo de lucha”):

Carácter bélico del sentimiento amoroso, visto como contienda o enfrentamiento entre dos adversarios: los enamorados.

MISERIA HOMINIS (“La miseria del hombre”):

Carácter adverso de la existencia y condición del hombre, entendidas como un conjunto de factores dolorosos.

NE QUID NIMIS (“Nada en exceso”):

Carácter mesurable de toda realidad: en cualquier situación debe haber un equilibrio armónico, una mesura, un límite que no puede sobrepasarse.

Similar a “Est modus in rebus”.

NON OMNIS MORIAR (“No moriré del todo”):

Carácter inmortalizador de la creación artística: a través de su obra, el artista vence en cierto modo a la muerte.

ODI PROFANUM VULGUS ET ARCEO (Odio al vulgo profano y me aparto de él”):

Carácter elitista de ciertos autores literarios que dan a entender que sólo escriben para aquellos que son capaces de comprender su obra, ignorando el aplauso de los ignorantes.

Similar al cast. “A la minoría, siempre”.

OMNIA MORS AEQUAT (“La muerte iguala a todos”):

Carácter igualitario de la muerte que, en su poder, no discrimina a sus víctimas ni respeta jerarquías.

Similar. a “Aequo pulsat pede”.

OCULOS SICARII (“Ojos homicidas”):

Carácter simbólicamente asesino de la mirada, en la lírica amorosa, que es capaz de producir la muerte anímica.

PECUNIAE OMNIA PARENT (“Todo obedece al dinero”):

Poder absoluto de la riqueza.

PEREGRíNATIO VITAE (“El viaje de la vida”):

Carácter pasajero de la vida humana, entendida como camino” que el hombre debe recorrer.

Similar a “Homo viator”.

PRAEIACET IN STELLIS SERIES (“Los hechos están situados ante las estrellas”):

Carácter determinista de los astros: el hombre está predestinado, por ellos, desde siempre.

Sin. al cast. “En el cielo está escrito”.

PUTREDINE CADAVERUM (“Podredumbre de los cadáveres”):

Carácter corruptible del cuerpo humano: visión macabra del destino físico del hombre, de raíz ascética.

QUOMODO FABULA, SIC VITA (“Así como el teatro es la vida”):

Carácter representativo de la vida humana: dramatización única e irrepetible de nuestra existencia.

Similar a “Vita-theatrum”.

QUOTIDIE MORIMUR (“Morimos cada día”):

Carácter determinante del tiempo en la vida humana, considerada como “camino” que debe recorrerse hacia su meta: la muerte.

Según ello, cada momento de nuestra existencia es un paso hacia la muerte.

RECEDANT VETERA! (“Atrás lo viejo”):

Carácter renovador de la juventud: expresión de rebeldía ante todo lo establecido.

RELIGIO AMORIS (“Culto al amor”):

Carácter alienante del sentimiento amoroso, presentado como una enfermedad o servidumbre de la que el hombre debe liberarse.

REPROBATIO AMORIS (“Reprobación del amor”):

Carácter enajenante del sentimiento amoroso, condenado como causa intrínseca de subversión moral o espiritual.

RUIT HORA (“El tiempo corre”):

Carácter efímero del tiempo y, por extensión, de la vida, que nos precipita hacia la muerte irremediablemente.

Sin. del cast. “El tiempo vuela”.

SECRETUM ITER (“El camino escondido”):

Carácter secreto, apartado, de la senda que conduce a la vida descansada, a la serenidad de ánimo que da la felicidad: la renuncia.

SECUNDUM NATURAM VIVERE (“Vivir según la naturaleza”):

Carácter equilibrado de la vida que se ajusta o armoniza con lo considerado natural, según la doctrina estoica.

SENECTUS IPSA EST MORBUS (“La vejez misma es la enfermedad”):

Carácter negativo de la senectud, desvalorizada como inevitable y penosa enfermedad.

SIC TRANSIT GLORIA MUNDI (“Así pasa la gloria mundana”):

Carácter pasajero de la fortuna o reputación humana, condenada a verse arrasada por la muerte, según la doctrina ascética.

SOMA SEMA (“Cuerpo sepultura”):

Carácter mortal del cuerpo humano, entendido como portador y trasmisor de su propia muerte.

SOMNIUM, IMAGO MORTIS (“El sueno, imagen de la muerte”):

Carácter de muerte aparente que ofrece el cuerpo humano en actitud de reposo, cuando el hombre duerme.

SPECULUM PRINCIPIS (“Espejo de príncipes”):

Carácter mítico del príncipe perfecto y de las cualidades ideales que lo definen. Es extensible a todo gobernante, lo que da idea de la precariedad de los poetas.

SPLENDET DUM FRANGITUR (“Resplandece mientras se quiebra”):

Carácter engañoso de la apariencia externa que muchas veces, siendo atractiva, esconde una verdad lamentable.

Similar a “Ludibrium oculorum”.

TAEDIUM VITAE (“Cansancio de la vida”):

Carácter tedioso de la existencia, que provoca en el hombre angustiosa aversión al hecho mismo de vivir.

THEATRUM MUNDI (“El teatro del mundo”):

Carácter representativo del mundo y de la vida, entendidos como escenarios dramáticos en que diversos actores -los hombres- representan los papeles de una obra ya escrita.

Similar a “Vita-theatrum”.

UBI SUNT? (“Dónde están?”):

Carácter transitorio de la gloria. Los que la obtuvieron en el pasado, ya no están.

VANITAS VANITATIS ET OMNIA VANITAS (“Vanidad de vanidades y todo vanidad”):

Carácter engañoso de las apariencias, que exige el rechazo o renuncia de toda ambición humana, por considerarla vana.

VARIUM ET MUTABILE SEMPER FEMINA (“Variable y mudable, siempre es la mujer”)

Carácter inestable de la mujer, presentada desde una perspectiva misógina como ser cambiante e indeciso.

VENATUS AMORIS (“Caza de amor”):

Carácter cinegético de la relación amorosa, presentada como cacería del ser amado.

VITA -MILITIA (“La vida como milicia”):

Carácter bélico de la existencia humana, entendida como lucha constante frente a las adversidades y asechanzas externas.

Similar a “Militia est vita…”

VITA – FLUMEN (“La vida como río”):

Carácter fluyente de la existencia humana, equiparada a un río que avanza, sin detenerse, hasta fundirse en el mar hallando, en él, su muerte.

VITA -PUNCTUM (“La vida como punto”):

Carácter momentáneo de la existencia humana, sentida como un breve instante, inasible por su propia fugacidad.

VITA -SOMNIUM (“La vida como sueno”):

Carácter onírico de la vida humana, entendida como un sueño irreal, una ficción extraña y pasajera.

VITA -THEATRUM (“La vida como teatro”):

Carácter representativo de la existencia humana, presentada como dramatización única e irrepetible del propio papel vital.

Similar a “Theatrum mundi” y a “Quomodo fabula, sic vita”.

VOLAT AETAS (“El tiempo vuela”)

Hace referencia a la edad, el tiempo de cada uno de nosotros y cómo su paso es veloz.

Deja un comentario

Archivado bajo APUNTES LITERATURA

HORACIO QUIROGA. Decálogo del perfecto cuentista.

I
Cree en un maestro -Poe, Maupasant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia
IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino
X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Deja un comentario

Archivado bajo ARTÍCULOS

SANTA TERESA DE JESÚS. Amancio Prada. “Vivo sin vivir en mí”

Pincha en la foto

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

Deja un comentario

Archivado bajo VÍDEOS

SAN JUAN DE LA CRUZ. Grupo Jesed. Noche escura del alma.

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.                     

  A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.                     

  En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía                             
sino la que en el corazón ardía.                 

  Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía
en parte donde nadie parecía.                    

  ¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!                  

  En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.               

  El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.                  

  Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.    

Vídeo:


Deja un comentario

Archivado bajo VÍDEOS

JULIO CORTÁZAR. Instrucciones para subir una escalera.

Pincha en la foto

Deja un comentario

Archivado bajo TEXTOS LITERARIOS, VÍDEOS

JULIO CORTÁZAR. Casa tomada.

Pincha en la foto

Deja un comentario

Archivado bajo TEXTOS LITERARIOS, VÍDEOS